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Decir que el periodismo está en medio de una profunda metamorfosis, a nivel global, no es en este momento ninguna novedad. En Venezuela, sin embargo, el proceso de transición que caracteriza a la práctica periodística en este tiempo, termina teniendo una lectura particular por el peso que tiene el poder político en dicha dinámica. Los cambios que vienen experimentando medios de comunicación y ciudadanos en torno a buscar, procesar y compartir información, tienen en Venezuela un proceso de aceleración por decisiones políticas que imponen la censura directa o generan autocensura en el ecosistema mediático.

Tal como se usa el carburo de calcio para producir una maduración más rápida del plátano, una práctica muy común en el estado Zulia, la transición del periodismo venezolano ha tenido una dosis de autoritarismo que ha llevado a una rápida reinvención o ajustes significativos. ¿Para qué? Sencillamente para adaptarse tanto medios y periodismo no sólo a las dinámicas globales, con ciudadanos cada vez más conectados con dispositivos móviles, sino para hacer frente a un contexto local muy particular.

Los nuevos medios digitales y las plataformas en Internet de los medios tradicionales, en Venezuela, están haciendo una apuesta en condiciones adversas, tal como lo pudimos constatar en diversas presentaciones y comentarios en el foro que organizamos a fines de 2017, desde la asociación civil Medianálisis: Periodismo en Transición. Los emprendimientos y empresas periodísticas generan contenidos para una población necesitada de estar informada (dada la propia situación de crisis continuada), pero con serias dificultades en la conectividad, junto a decisiones gubernamentales que de facto han cerrado ventanas informativas.

Sobre esto último, por ejemplo, un caso reciente lo constituyó la decisión oficial de suspender las emisiones de CNN en Español en los sistemas de televisión por suscripción. No se trató de un caso aislado, pero tuvo mucha repercusión dentro y fuera del país, al tiempo que simboliza un modus operandi: CONATEL actúa no como órgano técnico sino como una suerte de comisario político para censurar contenidos, no se cumple ningún proceso administrativo previo, el gobierno dicta una orden de sacar al medio de las parrillas de la televisión por suscripción y esta orden se cumple de inmediato.

Partiendo de este contexto, la asociación civil Medianálisis apeló a los servicios de la empresa Delphos, dedicada a los estudios de opinión pública, para constatar cómo se percibía esta transición en materia de medios e información desde los ciudadanos, en Venezuela. Dentro de un monitoreo periódico que Delphos hace de la situación país, se incluyó una batería de preguntas que elaboramos. Entre el 10 y 24 de marzo de este año se aplicaron los cuestionarios a una muestra de 800 personas, mayores de edad, en entrevistas cara a cara en centros poblados con más de dos mil habitantes.

Un primer aspecto llamativo, al revisar los resultados, está en relación a la utilidad que le adjudican los entrevistados a la información que emiten los medios de comunicación (vistos estos como un todo) en Venezuela. Sumando las personas que consideran útil y muy útil la información eso arroja un total de 49.7 por ciento, sin embargo un 42.4 por ciento (una cifra bastante alta) resulta de la totalización de quienes la catalogan de poco útil o de francamente inútil.

La brecha social en Venezuela, que se manifiesta de muchas formas en nuestra vida cotidiana, también se percibe en los resultados que arrojó esta pregunta. El resultado más alto de valorar positivamente la información está en los estratos A-B, mientras que la peor percepción está en el E. Un 44.6 por ciento de los venezolanos menos pobres consideran muy útil la información, mientras que 20.2 por ciento de los más pobres la catalogan de inútil. No es asunto menor, asimismo, que precisamente en el nivel socio-económico E encontremos el más alto porcentaje de entrevistados cuya respuesta es el “No Sabe”: 13.1 por ciento. En el segmento A-B escasamente el 1.8 por ciento dice no saber.

Opinar si la información recibida es o no útil depende, al menos así lo analizo, del medio o plataforma específica que se tenga como referencia para estar informado. Acá entramos de lleno en la transición que está operando en las dinámicas personales, en Venezuela, relacionadas con el modo en el que se está informando la población. A cuál medio apelan hoy los venezolanos para estar informados y una lectura de los cambios que están detrás de estas preferencias.

La televisión sigue siendo un referente de primer orden para informarse entre los venezolanos. Es este, a mi juicio, uno de los principales hallazgos en esta investigación. Viene ocurriendo un cambio, de eso no hay la menor duda, pero en medio de una metamorfosis en la que cohabitan viejas prácticas en la búsqueda de información con los nuevos modos. A mitad de los años 90, por ejemplo, los trabajos sobre consumo cultural de Marcelino Bisbal y Jesús María Aguirre evidenciaban que la televisión era reina absoluta, ya que más del 90 por ciento de los venezolanos la tenían como principal fuente para estar informados.

Hoy, tras varios años de acciones sostenidas en aras de controlar los contenidos incómodos para el régimen especialmente en la televisión (tanto abierta como por suscripción), la pantalla chica sigue siendo la principal plataforma al ser mencionada por 43.9 por ciento de los consultados en este trabajo de opinión pública. Otro dato que resulta significativo: es mayor que la media esta referencia informativa en el sector socio-económico C (en teoría con mayores opciones de acceso para buscar información en otras plataformas) que en el E. La televisión fue mencionada por 49.1 en el estrato C y sólo por 33.3 por ciento en el E, siendo éste el más bajo de todos.

Las páginas web (en las tres opciones que se presentaron en el cuestionario) apenas suman 8.8 por ciento como medio al cual apelan los venezolanos para estar informados. Eso no debe sorprender. La mayoría de personas que buscan y consumen noticias lo hacen desde dispositivos móviles (celulares inteligentes y tabletas). En Venezuela, según Tendencias Digitales en su reporte 2018, 62 por ciento de quienes navegan lo hacen con sus smartphones y tablets. En México, el año pasado, la cifra se ubicaba en 72 por ciento.

La navegación desde estos dispositivos transcurre desde las redes sociales, que a su vez llevan a los sitios web cuando hay una información que se quiera ampliar o sencillamente el usuario se queda sólo con la capsula informativa que le proporciona la red social. En el caso de esta investigación 16.1 por ciento mencionó a las redes sociales como la plataforma a través de la cual se informa, y sabemos que hablar genéricamente de redes sociales hace difusa la posibilidad de saber a ciencia cierta de qué hablamos ya que allí se engloban plataformas y aplicaciones tan disimiles como WhatsApp, Facebook, Instragam o Twitter. En futuras investigaciones debemos desagregar las diferentes opciones en el campo de redes sociales para tener información más precisa.

También encontramos una cifra nada desdeñable de venezolanos que sencillamente no apelan a ningún medio o plataforma. No lo preguntamos explícitamente, pero se puede inferir que no buscan o no desean estar informados. Nacionalmente el porcentaje es de 7.3 por ciento, pero cuando se desagrega por ubicación geográfica (Distrito Metropolitano de Caracas, Ciudades Principales y resto del país) prácticamente un tercio de los capitalinos consultados respondió ninguno.

La percepción ciudadana sobre el trabajo periodístico, en Venezuela, fue otro tópico que colocamos en la batería de preguntas del estudio nacional que aplicó Delphos. Fue el tema en el que de forma más clara se expresó una polarización, resultando las respuestas (en un sentido positivo o negativo) alineadas tanto geográficamente como políticamente.

Ante la disyuntiva sobre si los periodistas en Venezuela hacen bien o no su trabajo, las valoraciones positivas sobre la labor periodística predominaron entre quienes: a) viven fuera de Caracas y las principales ciudades del país, es decir en los pequeños poblados; b) tienen carnet de la patria y están seguros de ir a votar. La Venezuela profunda, por decirlo con una metáfora a veces desgastada, que forma parte del tramado oficial de beneficios y que ante las elecciones del 20 de mayo tiene plena seguridad en ir a votar, es el país que valora de forma más positiva al periodismo en Venezuela.

En tanto, la posición crítica hacia el trabajo de los periodistas venezolanos está de forma marcada en Caracas, entre quienes no tienen carnet de la patria y los que no van a votar o manifestaban no estar seguros.

Sin entrar en las consideraciones que ya extensamente ha hecho Eugenio Martínez en Prodavinci pero asumiendo algunos de sus datos sobre la relación entre afinidad política e intenciones de acudir a votar el 20 de mayo, claramente el venezolano opositor tiene una mirada cuestionadora del trabajo periodístico en el país, un tópico que podría ser abordado de forma más cualitativa en grupos focales, por ejemplo, para determinar las causas de dicha percepción.

Finalmente, otro ámbito con resultados dignos de reseñar públicamente está en la percepción ciudadana sobre la libertad de expresión y su papel en el trabajo cotidiano de medios de comunicación y periodistas en la Venezuela actual.

De forma mayoritaria, la opinión es que el gobierno de Nicolás Maduro limita la libertad de expresión y por tanto le coloca obstáculos al periodismo. Empero, un tercio de los encuestados considera que el régimen venezolano sí respeta la libertad de expresión, una aseveración que para un lector extraviado podría ser incomprensible. En el terreno de derechos y libertades civiles y políticas, me parece, se produce una alineación política a la hora de expresar puntos de vista. Ese 33.6 por ciento que dice que en el país hay libertad de expresión se distribuye, al analizar con mayor precisión, entre quienes tienen más de 50 años, poseen carnet de la patria y están seguros de votar este 20 de mayo.

Finalmente, introdujimos en el cuestionario un asunto sobre el cual largamente hemos discutido por iniciativa de Medianálisis en diversos eventos, foros y mesas de debate con periodistas y editores de medios venezolanos. Se trata del papel del ciudadano en toda la mecánica nacional de restricciones, censura y autocensura. La autovaloración sobre el rol ciudadano en un contexto país que restringe la circulación y difusión de información. Al igual que el tema de la libertad de expresión, este tópico queda supeditado, en mi opinión, a la alineación política de los entrevistados. Se trata de una opinión condicionada por su percepción y preferencias políticas.

De esa forma 65.3 por ciento opina que los ciudadanos no velan por el derecho a la información en Venezuela. Es un porcentaje bastante similar a los que opinan que en Venezuela no hay libertad de expresión y el gobierno dificulta el trabajo de los medios. Los puntos más altos en esta visión cuestionadora sobre su propio rol ciudadano están en el segmento social A-B y entre quienes están seguros de no votar el 20 de mayo.

Todos estos datos deben verse como una fotografía del momento y no en clave de una cartografía definitiva sobre la intensa y complicada relación que tiene hoy en Venezuela la interacción entre medios, ciudadanía e información.

Estamos, sin duda, en medio de una compleja transición que en Venezuela no sólo está generada (como en buena parte del mundo) por los cambios en los hábitos de consumo de noticias o en la generación de nuevas aplicaciones y aparatos tecnológicos. En nuestro caso, el poder político, bien sea por sus decisiones pasadas o eventuales determinaciones en el corto y mediano plazo, le agrega mayores signos de interrogación a un terreno ya plagado de incertezas.

Texto: Andrés Cañizález. Datos: Medianálisis y Delphos. Infografías: César Heredia.


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