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  • La batalla de las ideas se libra en varios frentes: para el chavismo ha sido un mecanismo para manipular la opinión pública, sirviéndose de la tecnología, la hegemonía comunicacional y la censura

El de 3 mayo de 2017 el reconocido periodista y presentador televisivo Leopoldo Castillo anunciaba en su cuenta de Twitter que el preso político y líder del partido Voluntad Popular, Leopoldo López, había ingresado en el Hospital Militar sin signos vitales. La noticia resultó falsa, siendo desmentida en horas por el entonces diputado chavista Diosdado Cabello, en su programa “Con el mazo dando” transmitido por el canal del Estado, Venezolana de Televisión. El líder oficialista difundió un video en el cual López se mostraba ileso, pero además con una actitud esquiva, desconcertado por la exigencia de dar una fe de vida. El político exhibía además una mayor musculatura a la que poseía al ser encarcelado tres años antes. Castillo nunca pidió disculpas, ni explicó si la intención fue conseguir noticias del detenido después de semanas sin que la familia del detenido pudiese visitarlo, sino insistió en que su fuente anónima jamás le había fallado y que era altamente confiable.

En el hervidero de las redes sociales, un nutrido frente de batalla de la política venezolana desde la época del nacimiento de la cuenta @chavezcandanga, se señalaba tanto al gobierno de “montaje” como a la oposición de buscar un “escándalo”. En el ecosistema digital conviven activistas, infociudadanos, periodistas, usuarios avanzados y neófitos, con los “bots chavistas”, cuentas automatizadas creadas en laboratorios –de los que suele decirse que están ubicados en el estado Aragua- para posicionar memes, etiquetas e ideas, que a veces se hacen pasar por opositores radicales –como han registrado los expertos Gaby Castellanos y José Blanco- para (Runrunes y Armando Info).

La noticia de la muerte de Leopoldo López fue verosímil, no sólo por venir de una reconocida fuente de oposición, sino por la desconfianza del público en la llamada “versión oficial”. El Ejecutivo ha negado la existencia de la diáspora venezolana (asegurando que Venezuela sigue siendo receptor de inmigrantes) o el aumento de familias que hurgan en la basura para buscar comida. Pero además ha negado su propia negación. Eso sucedió con la denuncia del asesinato de 20 mineros en la “masacre de Tumeremo” –cuya cobertura local fue premiada por el Festival García Márquez– que primero fue desmentida por el entonces gobernador de Bolívar, Francisco Rangel Gómez, quien luego dijo que no lo había hecho. Una noticia que también se conoció por una fuente de la oposición, el diputado Américo De Grazia.

Un caso emblemático de negación está en las responsabilidades por las fallas del sistema eléctrico que han sometido a racionamientos y apagones al país, con mayor énfasis desde el año 2010. Oficialmente serían producto de incidentes con fauna silvestre que comen cables o depositan sus heces sobre las instalaciones eléctricas, pero también se ha responsabilizado a la sequía por el fenómeno meteorológico de El Niño que habría vaciado la represa de El Guri –que produce el 60% de la energía eléctrica del país- producto del Cambio Climático. Lo que también sirve para posicionar otra tesis oficial: la del ecosocialismo antiimperialista. El ministro de Energía Eléctrica, el general Luis Motta Domínguez, no teme en publicar fotografías de personas carbonizadas en su cuenta de Twitter para apoyar sus acusaciones de sabotaje de parte de trabajadores, vecinos aledaños que tratan de conectarse ilegalmente o un complot que involucra a la oposición con el gobierno de los Estados Unidos. El expresidente de PDVSA y exministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, una vez arguyó la responsabilidad de una tormenta eléctrica por el incendio en la refinería de Amuay, aunque nunca brindó una explicación técnica a una importante explosión en esa misma instalación petrolera el 25 de septiembre de 2016.

A la imposición de la “verdad oficial” se une una política sistemática de persecución a medios y periodistas, censura y violaciones a las libertades de información, prensa y expresión.

Pero también ha abierto una ventana para la emergencia de decenas de nuevos medios digitales de noticias conformados por reconocidos periodistas que fueron despedidos o que renunciaron a medios que cambiaron drásticamente su línea editorial tras un poco claro cambio de dueños.

Uno de estos medios que surgido en el nuevo ecosistema digital es Armando.Info, el cual ha publicado decenas de reportajes de investigación que han sido galardonados en América Latina. Fue parte del equipo internacional que trabajó en 76 países para sacar a flote los hallazgos de “Los Papeles de Panamá”. En febrero de 2018, seis de sus periodistas y editores huyeron del país para evitar la cárcel después que se conociera que un tribunal de Caracas había aceptado la demanda por difamación e injuria de Alex Saab, un empresario colombiano, que documentado en dos trabajos publicados por el sitio, es proveedor del programa estatal de Comités Locales de Alimentación y Producción. Para su funcionamiento el Estado entrega dólares preferenciales a empresas que importan los alimentos, que los reportes encontraron que han sido comprados con sobreprecios. Otros procesos de judicialización de la censura se han registrado por años: multas astronómicas al diario Tal Cual o al canal de noticias Globovisión, así como otras demandas penales, como la de Cabello contra La Patilla por reproducir un reportaje del diario español ABC que lo señaló como parte de una red de narcotráfico, de acuerdo con su ex escolta Leamsy Salazar.

A los documentados reportajes periodísticos se les suele descalificar como parte del complot con el gobierno estadounidense en la forma de “ataque mediático”. Así que la desinversión, la ineficiencia institucional o la corrupción, e incluso la deforestación por la minería ilegal en las riberas de los ríos Caroní y Cuyuní, que explican los problemas en el suministro de fluido eléctrico, suelen ser desestimados bajo el pretexto de no haber sido denunciados en Fiscalía, siendo publicados, aducen, con la única intención de hacer quedar mal al gobierno.

La verdad ha tenido peores momentos en Venezuela. Tras los sucesos del 11 de abril, cuando Hugo Chávez fue removido del poder por 48 horas, el Tribunal Supremo de Justicia sentenció que no hubo una rebelión militar sino un “vacío de poder” porque los jefes militares decidieron desobedecer una orden que implicaría la violación de los derechos humanos de los manifestantes. La sentencia fue revertida en 2005 después que el chavismo lograra modificar la Ley del TSJ, así como la cantidad y afectos de los magistrados del ente judicial.

Desde entonces la versión oficial, al mejor estilo de la novela 1984, es de “golpe de Estado”. Una de las tesis para apoyar este cambio es que el pronunciamiento del entonces Ministro de la Defensa, Lucas Rincón Romero, el de la renuncia “la cual aceptó” –lo que volvió a decir en mayo ante la Asamblea Nacional– pero que después no aceptó, es que fue trucada. Con los años, el documental “La Revolución no será transmitida”, producido por Radio Telefís Éireann de Irlanda y que suele ser transmitido en abril en Venezolana de Televisión, ha sido editado para modificar la importancia de personas ahora adversas al gobierno, como el general Raúl Isaías Baduel, quien entonces lideró la operación militar que rescató al presidente y el hilo constitucional del país.

La batalla de las ideas, que recitaba Chávez citando a Fidel Castro, ha llevado a un choque retórico en los medios. La salida del aire del canal RCTV puede ser referido oficialmente como una “no renovación de la concesión”, mientras es llamado “cierre” o “cese de transmisión” por los medios y periodistas independientes. La CIDH determinó que hubo violación de los derechos en el caso…

Una muerte real

El manejo informativo de la enfermedad y muerte del presidente Chávez estuvo envuelto en hermetismo y teorías conspirativas. En febrero de 2013, una enfermera aseguró que Chávez había ingresado al Hospital Militar caminando por su cuenta. Este testimonio, que nunca fue respaldado por nadie más ni fotos ni videos, se conoció tres días después que Telesur publicara varias fotos del presidente junto a sus hijas Rosa Virginia y María Gabriela leyendo el diario cubano Granma como una fe de vida ante los rumores y dudas de seguidores y detractores, acostumbrados a la omnipresencia de Chávez en la vida del venezolano. Se cumplían entonces 69 días de la última alocución pública, cuando el 8 de diciembre de 2012 pidió a los venezolanos, en un mensaje grabado y transmitido en cadena nacional, que ante una posible ausencia votaran por Nicolás Maduro en unas “elecciones sobrevenidas”.

Un mes antes el entonces ministro de Comunicación, Ernesto Villegas, aseguró que se encontraba “vivo y dando la batalla” después de una cirugía realizada en Cuba durante el mes de diciembre de 2012. En las redes sociales se aseguraba que había fallecido el 31 de diciembre en Cuba, que nunca había regresado a Venezuela e incluso se hicieron “memes” sobre lo que leía Chávez o quienes lo acompañaban en lugar de sus hijas. Pero también habían dudas: sus seguidores se preguntaban cómo podía hablar con sus ministros en Cuba y Venezuela, como se decía oficialmente, pero no grabar un audio para ellos. Chávez habló miles de horas en la radio y la televisión, pero se despidió con un tuit.

Oficialmente no se revelaron detalles del tipo de cáncer y causa de muerte del presidente Chávez, argumentando que era “morboso” querer saber esos detalles. Sin embargo, sí se dio espacio a considerar que la razón de la enfermedad no había sido genética o ambiental, sino que el cáncer había sido “inoculado” o provocado por una tecnología de los Estados Unidos, como antes se usó el dengue como arma biológica en Centroamérica.

El medio Russia Today, conocido luego como RT, se hizo eco de un artículo –de opinión- del site venezolano Aporrea, en el cual se aseveraba que se había encontrado el “arma tecnológica” que le provocó el surgimiento de tumores malignos a Chávez, así como a otros siete presidentes latinoamericanos. RT recordaba además que el ex vicepresidente ejecutivo Aristóbulo Isturiz había denunciado en 2016 que el cáncer había sido “inducido” para asesinar al presidente “por oponerse a la dictadura del dólar”. Un año después, aún en el cargo, el también exgobernador dijo que la inflación en el país también fue inducida y que la explotación petrolera mediante el fracking en EEUU para reducir artificialmente los precios del crudo formaba parte de la “guerra económica” contra el país. No hizo referencia a los accidentes en la estatal petrolera ni énfasis en la caída de la producción de crudo, ni mucho menos en la creciente importación de gasolina para el mercado interno por fallas en las refinadoras locales.

Un par de meses antes el mismo site, dependiente del Kremlin, había publicado una entrevista con la periodista estadounidense-venezolana Eva Golinger llamado “Las claves del asesinato de Chávez”, en el que relacionaba el “envenenamiento” cancerígeno con Leamsy Salazar, un ex escolta que brincó al reconocimiento público por ondear la bandera sobre Miraflores el 13 de abril después de ser parte de un movimiento militar de rescate del palacio presidencial. Después de trabajar junto a Chávez, fue designado como escolta de Cabello.

En diciembre de 2014 Salazar huyó a EEUU, tras simular unas vacaciones familiares en España, desde donde declaró que su último jefe estaba involucrado en una red de narcotráfico. Golinger cerraba todos los círculos en sus declaraciones: acusó a Salazar de trabajar con la inteligencia estadounidense, así como de estar relacionado con una pareja de exfuncionarios chavistas que habían aparecido en los Papeles de Panamá.

Estas teorías conspirativas tienen antecedentes. Chávez ordenó exhumar los restos de Simón Bolívar, sospechando que no había muerto de tuberculosis, como se determinó en su momento así como en un posterior examen que realizara el médico José María Vargas, sino que había sido asesinado por la oligarquía colombiana usando arsénico que le habría suministrado Santander. Los rumores (que se colaron de nuevo en la prensa) hablaban de rituales de brujería cubana, así como de una maldición mortal sobre quienes se habían involucrado, alimentada con los años por el fallecimiento de varias connotadas figuras del gobierno chavista que estuvieron presentes. Se hizo popular la frase de Bolívar maldiciendo a quien “profanase su tumba”.

Y aunque los exámenes arrojaron el mismo resultado original, así como un nuevo rostro digitalizado de Bolívar basado en su cráneo y que distaba del conocido por sus retratos, el halo de misterio quedó impregnado en el discurso oficial. Cuatro años después Venezolana de Televisión entrevistó al historiador y poeta colombiano William Hernández Ospino, quien reincidía en la misma teoría de Chávez del envenenamiento realizada por el prócer colombiano en complicidad del gobierno de Estados Unidos.

La invitación aprovechaba el ambiente creado por la película “Libertador”, dirigida por Alberto Arvelo, protagonizada por Édgar Ramírez y musicalizada por Gustavo Dudamel. Filmada en varios países junto a un casting internacional, había sido estrenada apenas cuatro meses antes, convirtiéndose en un éxito de taquilla. El filme finaliza con una escena en que Bolívar grita “¡disparen!” al ser apuntado por varios soldados después de una traición en la que termina emboscado. El alcalde del municipio Libertador, Jorge Rodríguez, aseguró que la cinta y la banda sonora habían entrado a la nominación de los Oscar como Mejor Película Extranjera. Ambas quedaron fuera de las nominaciones oficiales.

El historiador Tomás Straka criticó la película, así como la recepción política que se hace de ésta, en comparación con la cinta de un año antes, “Bolívar, el hombre de las dificultades” (protagonizada por Roque Valero y dirigida por Luis Alberto Lamata), dando ejemplos de ficciones históricas y una personalidad alterada del prócer venezolano –más demócrata que monárquico – que habrían sido aceptadas por quienes se oponen a Chávez porque la forma de contar la misma historia estaba en un paquete de superproducción. Lamenta entonces que la segunda cinta, tildada de “chavista” pero mucho más apegada a los escritos de los historiadores como Carrera Damas y Herrera Luque, fuese repudiada por la promoción que recibió de Maduro así como la posición política de Valero. Para el académico, la primera apoya mucho más las tesis de la izquierda latinoamericana y del chavismo sobre Bolívar.

Vieja maña

Mucho antes de acuñarse los términos de “posverdad” o el anglicismo del fake news para hablar de noticias falsas, en Venezuela ya “rodaban bolas” que terminaban por aparecer en la prensa para distraer la atención. El cronista y periodista Óscar Yanes lo describía en su programa y serie de libros de bolsillo “Así son las cosas”. Viudas negras que rondaban por una Caracas aún rural, animales fantásticos en las aguas encrespadas del litoral varguense o míticos hechiceros pasaban del rumor de boca a oído a la prensa. El comunicador atribuía esto a la relación íntima entre algunos editores y el poder. Las noticias falsas eran usadas para que el público se olvidara de un sonado y reciente caso de corrupción, una imprudencia marital de un poderoso o algún fracaso político.

Esta difusión de noticias escandalosas no es exclusiva del país. En la década de los 90 se popularizó en la televisión, el ancestro de la viralización en línea, el programa “Ocurrió Así” que insertó los “memes” de fauna insólita y patologías zoológicas en personas, casos estrambóticos de abuso sexual o curiosidades como el taxista maracucho que forró su carro de billetes. El más famoso, indudablemente, fue El Chupacabras. Que incluso “apareció” en Venezuela.

En el artículo “Propaganda y ‘fake news’: con nosotros mucho antes de la tecnología” de Ana Tudela para El País de España, se cita el cierre de 73 periódicos por parte de Napoleón Bonaparte en la Francia de 1800. Creó entonces la Dirección General de Imprenta para la difusión de noticias de artistas y escritores a favor del nuevo gobernante. Refiere la periodista que el 14 de julio, fecha en que los galos celebran El asalto de La Bastilla y que ha sido inmortalizado por pintores y dramaturgos, no fue más que un evento glorificado por cientos de panfletos y nuevos periódicos que se oponían a la monarquía. La Bastilla era un símbolo de la opresión, pero la cárcel sólo poesía siete prisioneros y estaba siendo desmantelada.

El comunicador social, experto en infociudadanía y redes sociales, Luis Carlos Díaz, cita el “efecto pasticho”, que sería la forma criolla del principio de renovación del propagandista nazi Joseph Goebbels. El mismo implica la acumulación de varias “capas” de noticias que se superponen, al ser difundidas una tras otra a un ritmo que impida que la respuesta del atacado llegue o permanezca en el top of mind o la opinión pública, que ya está hablando de algo más. Así lo bautizó el portal Runrunes en una nota de Liseth Boon del 6 de marzo de 2015. La nota señalaba que la aprehensión del alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma y la destitución de la alcaldesa de Guasdalito, en el estado Apure (fronterizo con Colombia), del partido opositor Voluntad Popular, el asesinato de cinco estudiantes en tres ciudades distintas, el aumento del pasaje, el posible allanamiento de la inmunidad parlamentaria del diputado opositor Julio Borges, el cierre de la edición diaria del periódico Tal Cual que pasaba a semanario y el regreso del polémico programa La Hojilla (cesado tras la filtración de un audio en el que su presentador, Mario Silva, hablaba muy mal de varios dirigentes del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela) se conocieron entre el 16 de febrero y el 2 de marzo.

Y esta difusión busca más distracción que acción. La Hojilla no alcanzó la trascendencia que tuvo cuando se ubicaba en el primer lugar del rating televisivo, con llamadas telefónicas del propio presidente Chávez para hacer anuncios oficiales a medianoche, y por su parte, Julio Borges no sólo fue reelecto como diputado a la Asamblea Nacional, sino que en 2017 alcanzó su presidencia. Ocho meses después de la amenaza que recibiera del entonces también diputado Pedro Carreño, se conoció lo que ha sido la mayor victoria electoral de la oposición: conseguir 112 de los 167 curules del parlamento nacional el 26 de noviembre de 2015.

Díaz diferencia el rumor, el chisme vecinal y la propaganda. “La diferencia entre radio bemba, que era gratis y mucho más libre, y publicar, que era difundir por radio, panfletos o periódicos y televisión es que requería una infraestructura y un método. Con Internet esa barrera se difuminó. La posibilidad de crear medios, o de ser un comunicador, se democratiza pero también hace más fácil que la información falsa tenga un “empaque de noticia verosímil”. El comunicador puntualiza: “la mentira va a buscar métodos más sofisticados de difundirse, especialmente porque se hace más rentable: si trabajas para un órgano del Estado produciendo propaganda, puedes ganar mucho más porque es muy barato escribir un blog y relativamente muy barato comprar publicidad en Facebook para difundirla masivamente”.

Pedro Carreño, quien denunció a Borges, es reconocido en la opinión pública nacional por varias declaraciones noticiosas que rayaron en la vergüenza pública. Aseguró que las antenas de DirecTV que brindan servicio de televisión por cable “se usaban para espiar a los venezolanos”. El parlamentario también descargó la crítica de usar corbatas Louis Vuitton a que en Venezuela “no se fabricaban” estas piezas de ropa. Un falso positivo de similar inverosimilitud fue la denuncia de espionaje desde Cuba con los bombillos ahorradores de neón que eran sustituidos gratuitamente por voluntarios para reducir el consumo eléctrico en el país. Lo único cierto es que Venezuela le compraba a la isla lo que ésta traía de Vietnam, con un sobreprecio indeseable para el patrimonio público. Desde los comienzos del gobierno de Chávez, una serie de locutores y columnistas advertían sobre la pretensión del gobierno de prohibir el uso de trajes de baños sensuales femeninos en las playas –similar al escándalo del “monokini” que refiere Yanes en sus libros-, o la pérdida de la patria potestad de los niños compartiendo videos de los “pioneritos” de Cuba.

Laboratorios de bots

La venezolana Gaby Castellanos, CEO de Socialphilia, una importante agencia de publicidad en España pero con ámbito internacional, ha denunciado que el 16 de enero de 2018, surgieron “759 cuentas de twitter creadas haciéndose pasar por #Anonymous o subgrupos y 862 creadas en Instagram para lo mismo o falsos perfiles de lucha” en Venezuela. Por su parte, José Blanco Oliver, fundador de la agencia Trendinalia, también tuiteó el 23 de julio de 2017 que “2.000 de los 5.000 tweets publicados con el HT #EmpresariosConLaConstituyente fueron publicados por 280 bots” con una imagen de respaldo. Antes, también Díaz había registrado “más de 1.000 bots” el 30 de abril de 2015 para posicionar la etiqueta #SoyGuardiandeMaduro.

Un estudio de la Universidad de Oxford intitulado Troops, trolls and troublemakers: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation y publicado en julio de 2017, encontró que en 28 países del mundo hay “suficiente evidencia” del uso de “tropas cibernéticas” para manipular la opinión pública. En el caso de Venezuela, este ejército digital sería dirigido desde el Ministerio de Comunicación e Información, reza el documento. Ya el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS Venezuela) había reportado en 2015 “un patrón del comportamiento del Estado y del abuso de los recursos públicos para fines político partidistas” al usar las cuentas oficiales de Twitter de distintas instituciones del Estado para promocionar al Partido Socialista Unido de Venezuela.

Castellanos advierte que “es una práctica usual en el país sin escrúpulos” con la intención de obtener miles de seguidores “en algunos casos para generar una falsa credibilidad, informaciones y/o noticias y en otras sólo para poner a la venta esa cuenta”. Dice que con el operativo militar que terminó con la vida del inspector Óscar Pérez y sus acompañantes, que fue calificado como “masacre” –concepto respaldado por la muerte relacionada de más de tres personas según la ONU, explicó el periodista de sucesos Javier Mayorga en su blog- por la opinión pública opositora, “se aprovecharon para también falsificar corrientes de opinión al replicar información traída de medios reales, meter en el medio noticias falsas, y así justificar las acciones del gobierno”. Además, alerta que lo que califica como “prácticas de propaganda de la dictadura venezolana” se ha extendido a Argentina y España.

Una estratega de medios sociales y un reportero que trabajaron en o cerca de uno de los laboratorios ubicados en el estado Aragua brindaron declaraciones con solicitud de omitir su nombre, así como referencias que permitan identificarlos. “Nuestro jefe encargó a uno de los community managers que tenía bajo mi cargo crear cuentas falsas y tuitear con órdenes específicas sobre temas políticos relevantes, pero también nos tocaba bloquear a muchas “cuentas huevito” (sin foto ni biografía) que eran obviamente falsas”, explica ella. También les ordenaban usar sus cuentas personales para darle más promoción a algunas noticias publicadas en medios afines o anuncios de autoridades locales o nacionales. El reportero recuerda que eran órdenes directas: “darle RT a noticias que querían que se conocieran más, pero recuerdo que una vez hubo un empleado de un medio oficial que tropezó y rompió algo en una iglesia en el sur de Aragua, y la gente empezó a publicarlo por Twitter. Entonces hubo una orden para que se usaran las cuentas bots para desmentirlo, publicando fotos y videos. Se pidió la colaboración de los equipos de prensa para crear y difundir el mensaje”, revela.

Castellanos explica que “la generación de fake news tiene como intención la confusión, y utiliza perfiles “conocidos” para ser reforzada. Ahí se va de las manos el tema, porque no son solo los laboratorios, y es preocupante. La gente que trabaja en reputación, lo que viene a ser white hat (hacker de sombrero blanco), no hace ese trabajo, simplemente genera contenido basado en la vida positiva, y lo expone para bajar los enlaces en un buscador”, explica la experta sobre la subcontratación de agencias publicitarias con experticia en redes sociales para mejorar la imagen de una persona en Internet. “En el caso del black hat (hacker de sombrero negro), es otro tema y es lo que trabajan en Venezuela. Informaciones, noticias y acusaciones falsas para modificar el pensamiento de la masa. Hablamos de manipulación. En Venezuela son líderes en esa clase de contenido”, lamenta. Coincide con Díaz sobre el papel de los rusos: “en Venezuela no juegan”.

Por Jeanfreddy Gutiérrez


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