En Venezuela el cambio político no será televisado, por Andrés Cañizález

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  • Martes, 25 Abril 2017 16:22

 

A mediados del año 2013, como bien lo ha recordado Edgard Gutiérrez, sostuvimos en una presentación del Grupo Jirahara que el cambio político democrático en Venezuela no iba a ser televisado. No se trataba de un ejercicio especulativo. Se iniciaba el gobierno de Nicolás Maduro en aquel momento, pero ya era notorio el nuevo esquema oficial en materia de medios y comunicación: hegemonía y control.

 

La primera directriz pública de censura, de lo que pasaría a ser recurrente en estos años, la dio Maduro pocas horas antes de asumir oficialmente como presidente electo. El 18 de abril de 2013, antes de viajar a reunirse con Unasur, Maduro le advirtió en una cadena nacional de radio y televisión al canal Televén que dejase de transmitir los mensajes de Henrique Capriles. “Seré un presidente de mano dura”, advertía ya Maduro el día antes del acto de investidura que tuvo lugar al día siguiente, el 19 de abril de 2013.

 

Un mes después un Nicolás Maduro ya en funciones se reunió con los presidentes de Televén y Venevisión y se consumó el blackout que desde entonces afecta a Capriles y en general al liderazgo opositor, el cual ha quedado reducido a las reseñas de un minuto en algún noticiero televisivo y entrevistas matutinas dominicales.

 

 

De forma paralela con el inicio del gobierno de Maduro se registró la metamorfosis en Globovisión, tras su cambio de propietarios, que implicó también un cambio muy relevante: el canal de noticias dejó de ser la tribuna opositora por excelencia.

 

Un par de tesis de grado de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) registraron los cambios. En el trabajo de Oriana Trejo se evalúa el paso hacia la neutralidad en las informaciones en el canal de noticias, mientras que la investigación de Jessica Viloria y Adriana Tamayo ubica la venta de Globovisión dentro de un marco general de la paulatina desaparición de los programas de opinión en la televisión venezolana.

 

La política de controles sobre la pantalla, en el gobierno de Maduro, se extendió también a las señales de televisoras internacionales a través del servicio por suscripción, aumentando el cerco.

 

La obsesión oficial parece enfocarse en que la sociedad no vea imágenes del descontento como lo fue la abrupta suspensión de NTN24 en febrero de 2014 o se trata de invisibilizar las denuncias que salpican altos funcionarios, como fue el caso de CNN en Español. Un estudio del IPYS (Instituto Prensa y Sociedad) reveló que la sanción contra el canal con sede en Atlanta, además, terminó generando una ola de opinión justificativa de la medida de censura en los propios medios informativos de Venezuela.

 

El término hegemonía comunicacional lo dio a conocer hace una década el entonces todopoderoso Andrés Izarra en una entrevista con Laura Weffer que publicó El Nacional a inicios de 2007. Se trampeaba con el término de Gramsci, pero sin apegarse a lo dicho realmente por el fundador del partido comunista italiano y uno de los principales renovadores del pensamiento marxista del siglo XX.

 

Al hablar de hegemonía, Gramsci planteaba la interacción entre dominación y dirigencia, ya que a su juicio un grupo puede dirigir social y culturalmente a una sociedad sin ejercer directamente el poder político. La simplificación chavista del concepto lo llevó a aplicarlo mecánicamente sólo en lo relacionado con la dominación.

 

El chavismo, por otro lado, alimentó la victimización del régimen tras el fallido golpe de Estado de abril de 2002, hace ya 15 años. Una muestra de ello fue el sonado documental “La revolución no será televisada”.


Tres lustros después la hegemonía no parece detenerse como lo evidencia la sanción contra CNN en Español, de febrero de este año, o las recientes restricciones a los canales por Internet que transmitían las protestas en Venezuela, en este mes de abril. La lógica de dominación va agregando nuevas facetas.

 

Para analistas como Piero Trepiccione, en este momento en el cual se combinan un enorme descontento con el gobierno de Maduro junto a la agudización de la crisis política y económica, la hegemonía comunicacional pasa a tener un rol central en el mantenimiento del status quo en Venezuela.

 

Según Trepiccione, el gobierno sabe el poder catalizador que tendría por ejemplo la aparición en vivo de un líder como Henrique Capriles o la difusión masiva en directo de imágenes de las protestas antigubernamentales.

 

La revolución bolivariana tiene claro el impacto comunicativo que sigue teniendo la televisión en Venezuela, y por ello hará todo lo que esté a su alcance para evitar que la transición democrática sea televisada.