Maximo

Maximo

Por Víctor Manuel Álvarez Riccio

La asociación civil Medianálisis presentó los resultados de una investigación sobre la situación del periodismo en Venezuela, los cuales exponen que este gremio de comunicadores atraviesa severos problemas por la crisis económica, las agresiones que recibe y las fallas de preparación que limitan el ejercicio profesional.


Medianálisis hizo su exposición la mañana del 4 de octubre, en la sede del Instituto de Teología para Religiosos de la UCAB (ITER), en Altamira. Ahí, los asistentes conocieron que esta es la tercera vez que se desarrolla una investigación con estas características, que fueron encuestados 368 periodistas y que la muestra estuvo distribuida en distintos estados del país (el Distrito Metropolitano, Vargas, Lara, Bolívar, Táchira, Aragua, Carabobo, Anzoátegui y Zulia). Fueron encuestados, entre marzo y mayo de 2017, periodistas que trabajaban en todos los tipos de medios: 76 periodistas de impresos, 71 de televisoras, 137 de radios y 84 de medios digitales.


El estudio incluyó las perspectivas de periodistas que realizan diferentes trabajos: reportero de calle, redactor, columnista, ancla y editor. Por otra parte, la investigación especificó la distribución de la muestra según el sexo de los encuestados: hombres, 48,8%; mujeres, 51,2%. También Medianálisis indicó las edades de los periodistas que participaron: menos de 30 años, 36%; de 30 a 39 años, 28,5%; de 40 a 49 años, 21,1%; 50 años o más, 14,4%.

Mucho trabajo y salarios bajos

La encuesta revela que 37% de los periodistas tiene solo un trabajo en algún medio y que 63% realiza dos o más trabajos para sobrevivir. "Al precisar este tema en términos salariales, se hace manifiesto que 77% de los periodistas en Venezuela percibe salarios de 2 sueldos mínimos integrales o menos por el desempeño de su profesión (...) y apenas 23% sobrepasa 2 salarios mínimos", explica el reporte de Medianálisis.

En lo que se refiere a la agremiación y sindicalización de los periodistas, la investigación especifica que 38,3% de los encuestados está colegiado, 4,6% pertenece a un sindicato, 13,5% está asociado de ambas formas y 41,8% no forma parte de ninguna asociación. Gloria Carrasco, directora de proyectos de Medianálisis, manifestó su preocupación por este dato porque la colegiación es una exigencia para ejercer el periodismo en Venezuela.

Otra dimensión estudiada es la dotación tecnológica con la que cuentan los periodistas para trabajar. Es preocupante, opinó Carrasco, que 52,5% de los encuestados ha tenido que utilizar algún equipo propio para desarrollar su oficio a pesar de que trabaja en algún medio.

Presiones que llevan a la censura

De los 368 periodistas de la muestra, 23,5% expresó que el medio para el que trabaja "se inclina levemente por una tendencia de pensamiento”; 14,1%, que en el medio "predomina abiertamente una tendencia de pensamiento"; 8,4%, que el medio "solo refleja una tendencia". En el reporte resalta que, entre los periodistas de medios impresos, 63,2% opinó que hay alguna tendencia en las decisiones editoriales, por lo que los periódicos impresos son los medios menos plurales y equilibrados según los comunicadores encuestados.

Ante la interrogante acerca de si la línea editorial del medio en el que trabaja ha traído problemas, 40,5% declaró que sí, 4,3% dijo que no sabe y 55,1% contestó que no.

En lo que respecta a agresiones sufridas por parte de los periodistas, 50,3% admitió que ha recibido alguna agresión o amenaza de instituciones o personas ajenas al medio. Se lee en el reporte: "son los medios digitales e impresos los que mayor proporción de agresiones experimentan: 3 de cada 5 de los periodistas que laboran en estos medios consideran que han sido víctimas de algún tipo de agresiones directas o indirectas. En el caso de radio y tv, los datos, aunque menores, son igualmente preocupantes, alrededor de 2 de cada 5". La mayoría de estas agresiones han sido físicas o verbales dirigidas al medio, amenazas personales al periodista, ataques físicos, detenciones ilegales, daño de equipos, entre otras.

La investigación indica que 31,4% de los periodistas ha recibido, en algún momento, instrucciones para modificar una información antes de su publicación. Entre las órdenes más frecuentes en este sentido se encuentran cambiar algo de la redacción, dejar de cubrir una noticia o no identificar a una fuente o protagonista. Dice Medianálisis en su reporte: "uno de cada 3 periodistas ha recibido instrucciones significativas para modificar una información ya validada por el medio, lo que es más grave en impresos y en TV". Por otra parte, 27,7% de los sujetos reconoció que se ha autocensurado en alguna circunstancia y que omitió o modificó una información para evitar demandas, ataques o para no afectar los intereses de los dueños del medio.

Omar Lugo, director de El Estímulo, y Eugenio Martínez, periodista especializado en la fuente electoral, fueron invitados a la presentación de la investigación y expresaron su alarma cuando Carrasco reveló que una parte importante de los periodistas no tenía claridad respecto a las normas, garantías y criterios de calidad del ejercicio de su profesión. Entre los periodistas, 43,5% consideró que es necesaria la intromisión del Estado en la labor periodística a pesar de los mecanismos de control, calidad y transparencia de los medios, lo cual es incorrecto. Asimismo, los expertos criticaron que 26,2% de la muestra opinó a favor de la idea de que el Estado censure “aquellas informaciones que atenten contra la moral”.

Para Martínez, los resultados del estudio de Medianálisis deberían causar una reunión urgente de directores de escuelas de comunicación social, representantes del Colegio Nacional de Periodistas y de asociaciones civiles para que reflexionen sobre cuáles son las fallas de formación que llevan a un grupo importante de periodistas a desconocer los derechos que debería defender.

Lugo dijo que el hecho de que parte de los periodistas admita que el Estado censure sus publicaciones es signo de una “enfermedad” que padece la sociedad venezolana, cuya democracia está debilitada. “Lo más duro es que hay periodistas que creen que el Estado debe decir lo que es bueno y lo que es malo (…). Los medios tienen que negarse hasta la muerte a caer en este juego”, enfatizó el director de El Estímulo.

Necesitan más formación

Ante estas situaciones, Carrasco, Martínez y Lugo coincidieron en que es indispensable realizar más conversatorios y actividades que exploren los problemas que atraviesa el gremio periodístico en Venezuela. Esta necesidad se hace más patente porque, de acuerdo con la encuesta, solo 48,5% de los periodistas ha cursado, durante el último año, algún estudio para aumentar sus capacidades. Entre los que sí han realizado algún curso, la mayoría participó en actividades que duraron menos de 40 horas.

"El tema de la actualización profesional debe también preocupar a empresas periodísticas, a los gremios, a las instituciones educativas, organizaciones no gubernamentales y, especialmente, a los comunicadores sociales dedicados al periodismo, en el entendido de que es ésta una garantía de calidad informativa. Existe una proporción muy grande de profesionales que no se están formando, y a lo sumo, cuando lo hace, es con cursos con escasas horas académicas", concluye el informe de Medianálisis.

Como producto de una alianza estratégica entre Medianálisis y Pase de prensa BOD, se realizó por primera vez en Barquisimeto el taller                     “¿Cómo (y para qué) contar las historias pendientes? Estrategias de la crónica cultural para contar el país”, dictado por Willy McKey, cronista y editor del portal digital Prodavinci.


El taller de 16 horas, efectuado los días viernes 15 y sábado 16 de septiembre, contó con distintas fases dirigidas por McKey, como el desarrollo de conceptos de no-ficción y memoria y el abordaje de herramientas para contar historias desde la voz singular del cronista. Así también, los participantes tuvieron la oportunidad de generar ideas y textos en constante confrontación con el facilitador –editor-.


Estudiantes y comunicadores en ejercicio conformaron un grupo de 25 participantes, quienes mostraron muchísimo interés en la propuesta y agradecieron a ambas organizaciones la oportunidad de recibir actividades formativas de esta naturaleza. En este sentido, tanto Medianálisis como Pase de prensa BOD, estiman ofrecer próximamente una segunda edición del taller en la ciudad crepuscular.

 

 

En el contexto actual venezolano, el adecuado manejo de datos reviste una relevancia de fundamental importancia, ya que permite mostrar y explicar a la sociedad lo que ocurre día a día de forma más comprensible. En este sentido, Medianálisis, en su propósito de contribuir con el periodismo de calidad, realizó una serie de talleres para brindar a periodistas y estudiantes de comunicación social, herramientas que les faciliten la cobertura de la conflictividad política y social en Venezuela.


Es así como durante la segunda semana de septiembre se desarrollaron tres talleres formativos. El primero de ellos se realizó el martes 12 en la ciudad de Barquisimeto, bajo el título: "Cubriendo la crisis: ¿cómo hacer infografías periodísticas para la web sin saber diseño gráfico?", dictado por Jeanfreddy Gutiérrez, periodista de datos.


Posteriormente, se materializó la iniciativa del taller "Cobertura periodística de la conflictividad en Venezuela. Periodismo de datos aplicado a la conflictividad social y política", efectuado los días miércoles 13 de septiembre, en Barquisimeto, y jueves 14 de septiembre, en Acarigua. En ambas oportunidades la actividad contó con Marino Alvarado, abogado y defensor de derechos humanos, y Jeanfreddy Gutiérrez como facilitadores.
El taller que tuvo lugar en Acarigua, se llevó a cabo gracias al trabajo conjunto de Medianálisis, el CNP (Colegio Nacional de Periodistas), seccional Portuguesa y a la Universidad Yacambú, en cuyas instalaciones se desarrolló la actividad.


La dinámica de los talleres contó con la presencia de participantes motivados y preocupados por el tema, lo cual imprimió un acento de intercambio positivo que se espera pueda traducirse en calidad de periodismo en tiempo de crisis. De esta manera, Medianálisis sigue apostando por la formación de los periodistas, quienes tienen el deber de defender el derecho de los ciudadanos a estar bien informados.

 

El arte de la manipulación masiva

Published in Destacados Domingo, 27 Agosto 2017 22:22

 

 

Las técnicas para mentir y controlar las opiniones se han perfeccionado en la era de la posverdad: nada más eficaz que un engaño basado en verdades, o envuelto sutilmente en ellas.

La era de la posverdad es en realidad la era del engaño y de la mentira, pero la novedad que se asocia a ese neologismo consiste en la masificación de las creencias falsas y en la facilidad para que los bulos prosperen.

La mentira debe tener un alto porcentaje de verdad para resultar más creíble. Y mayor eficacia alcanzará aún la mentira que esté compuesta al cien por cien por una verdad. Parece una contradicción, pero no lo es.

Se analizará a continuación cómo puede ocurrir eso.


La posmentira

Hoy en día todo es verificable, y por tanto no resulta fácil mentir. Sin embargo, esa dificultad se puede superar con dos elementos básicos: la insistencia en la aseveración falsa, pese a los desmentidos fiables; y la descalificación de quienes la contradicen. A ello se une un tercer factor: millones de personas han prescindido de los intermediarios de garantías (previamente desprestigiados por los engañadores) y no se informan por los medios de comunicación rigurosos, sino directamente en las fuentes manipuladoras (ciberpáginas afines y determinados perfiles en redes sociales). Se conforma así la era de la posmentira.

De ese modo, millones de estado­unidenses se han creído una comprobada falsedad como la afirmación de Donald Trump de que Barack Obama es un musulmán nacido en el extranjero y millones de británicos estaban convencidos de que con el Brexit el Servicio Nacional de Salud dispondría de 350 millones de libras a la semana adicionales (432 millones de euros).

La tecnología permite hoy manipular digitalmente cualquier documento (incluidas las imágenes), y eso avala que se presente como sospechosos a quienes reaccionan con datos ciertos ante las mentiras, porque sus pruebas ya no tienen un valor notarial. A ello se añade la pérdida de cuotas de independencia en los medios informativos con la crisis económica. Han reducido su nómina de periodistas y han tenido que mirar no sólo a los lectores sino también a los propietarios y a los anunciantes. En ciertos casos, utilizan además técnicas sensacionalistas para obtener pinchazos en la Red, lo cual ha redundado en su menor credibilidad.

Con todo ello, se ha llegado a la paradójica situación de que la gente ya no se cree nada y a la vez es capaz de creerse cualquier cosa.

Muchos periódicos de Estados Unidos han verificado las decenas de falsedades difundidas por el presidente Trump (en enero ya llevaba 99 mentiras según The New York Times), pero eso no las ha desactivado. Y la prensa británica, por su parte, desmenuzó los engaños de quienes propugnaban la salida de la UE, pero eso no desanimó a millones de votantes.

 

La posverdad

La mentira siempre es arriesgada, y requiere de medios muy potentes para sostenerse. Por eso suelen resultar más eficaces las técnicas de silencio: se emite una parte comprobable del mensaje pero se omite otra igualmente verdadera. He aquí algunos ejemplos:

La insinuación. No hace falta usar datos falsos. Basta con sugerirlos. En la insinuación, las palabras o las imágenes expresadas se detienen en un punto, pero las conclusiones que inevitablemente se extraen de ellas llegan mucho más allá. Sin embargo, el emisor podrá escudarse en que sólo dijo lo que dijo, o que sólo mostró lo que mostró. La principal técnica de la insinuación en los medios informativos parte de las yuxtaposiciones: es decir, una idea situada junto a otra sin que se explicite relación sintáctica o semántica entre ambas. Pero su contigüidad obliga al lector a deducir una vinculación.

Eso sucedió el 4 de octubre de 2016 cuando Iván Cuéllar, el guardameta del Sporting de Gijón, salía del autocar del equipo para jugar en el estadio de Riazor. Recibido por pitos de la afición coruñesa, Cuéllar se detuvo y miró fijamente hacia los hinchas. La cámara sólo le enfocaba a él, y eso hacía deducir una actitud retadora ante los silbidos. Y como tal se presentó en un vídeo de un medio asturiano. De ese modo, se mostraban, yuxtapuestos, dos hechos: la afición rival que abucheaba y el jugador que miraba fijamente hacia los hinchas. No tardó en llegar la acusación de que Cuéllar había sido un provocador irresponsable
Hubo algo que aquellas imágenes no mostraron: entre los aficionados, una persona había sufrido un ataque epiléptico y eso llamó la atención del portero del Sporting, que miró fijamente hacia allá para comprobar que el hincha era atendido (por el propio servicio médico del club). Una vez que verificó que así sucedía, siguió su camino. Tanto la presencia de los hinchas como sus silbidos y la mirada del futbolista fueron verdaderos. Sin embargo, se alteró el mensaje —y por tanto la realidad percibida— al yuxtaponerlos hurtando un hecho relevante.

La presuposición y el sobrentendido. La presuposición y el sobrentendido comparten algunos rasgos, y se basan en dar algo por supuesto sin cuestionarlo. Por ejemplo, en el conflicto catalán se ha extendido la presuposición de que votar es siempre bueno. Sin embargo, esa afirmación no puede ser universal, puesto que no se aceptaría que el Gobierno español quisiera poner las urnas para que sus ciudadanos votasen si desean o no la esclavitud. Sólo el hecho de admitir esa posibilidad ya sería inconstitucional, por mucho que la respuesta se esperase negativa. Primero habría que modificar la Constitución para permitir la esclavitud, y luego ya se podría votar al respecto. Por tanto, se ha creado una presuposición según la cual el hecho de votar es siempre bueno, cuando la validez de una consulta va ligada a la legitimidad y a la legalidad democrática de lo que se somete a votación.

A veces los sobrentendidos se crean a partir de unos antecedentes que, ­reuniendo todos los requisitos de veracidad, se proyectan sobre circunstancias que coinciden sólo parcialmente con ellos. Por ejemplo, en los denominados papeles de Panamá se denunciaron casos veraces de ocultación fiscal. Una vez expuestos los hechos reales y creadas las condiciones para su condena social, se añadieron a la lista otros nombres sin relación con la ilegalidad; pero el sobrentendido transformó la oración “tiene una cuenta en Panamá” en una figura delictiva que contribuyó a crear un estado general de opinión falseado. No es delito hacer negocios en Panamá y abrir para ello cuentas allí; pero si esto se expresa con esa oración sospechosa, lo legal se convierte en condenable por vía de presuposición.

La falta de contexto. La falta del contexto adecuado manipula los hechos. Así sucedió cuando el diputado independentista catalán Lluís Llach recibió ataques injustos por unas declaraciones sobre Senegal. El 9 de septiembre de 2015, un periódico barcelonés recogía este titular, puesto en boca del excantautor: “Si la opción del sí a la independencia no es mayoritaria, me voy a Senegal”. De ahí se podía deducir que irse a Senegal era algo así como un acto de desesperación (y una ofensa para aquel país africano). De ese modo lo interpretaron algunos columnistas y cientos de comentarios publicados bajo la información. Sin embargo, ésta había omitido un contexto relevante: Llach creó años atrás una fundación humanitaria para ayudar a Senegal, y por tanto, lejos de expresar un desprecio en sus palabras, mostraba su deseo de volcarse en esa actividad si fracasaba su empeño político. En esa falta de datos de contexto se puede incluir la omisión cada vez más habitual de las versiones y las opiniones —que deberían recogerse con neutralidad y honradez— de aquellas personas atacadas por una noticia o una opinión.

Inversión de la relevancia. Los beneficiarios de esta era de la posverdad no siempre disponen de hechos relevantes por los cuales atacar a sus adversarios. Por eso a menudo acuden a aspectos muy secundarios… que convierten en relevantes. Las costumbres personales, la vestimenta, el peinado, el carácter de una persona en su entorno particular, un detalle menor de un libro o de un artículo o de una obra (como en aquel caso de los titiriteros en Madrid)... adquieren un valor crucial en la comunicación pública, en detrimento del conjunto y de las actividades de verdadero interés general o social. De ese modo, lo opinable o subjetivo sobre esos aspectos secundarios se presenta entonces como noticioso y objetivo. Y por tanto, relevante.

 

La poscensura

Hasta aquí se han analizado someramente (por razones de espacio y de lógica periodística) las técnicas de la posmentira y la posverdad. Pero los efectos perniciosos de ambas reciben el impulso de la poscensura, según la ha retratado y definido Juan Soto Ivars en Arden las redes (Debate, 2017).

En este nuevo mundo de la poscensura, quienes se manifiestan al margen de la tesis dominante recibirán una descalificación muy ofensiva que actúa como aviso para otros marineros. Así, la censura ya no la ejercen ni el Gobierno ni el poder económico, sino grupos de decenas de miles de ciudadanos que no toleran una idea discrepante, que se realimentan entre sí, que son capaces de linchar a quien a su juicio atenta contra lo que ellos consideran incontrovertible y que ejercen su papel de turbamulta incluso sin saber muy bien qué están criticando.

Soto Ivars detalla algunos casos espeluznantes. Por ejemplo, el apaleamiento verbal sufrido por los escritores Hernán Migoya y María Frisa a partir de sendos tuits iniciales de quienes confundieron lo que expresaban sus personajes de ficción con lo que pensaba el respectivo creador, y que fueron secundados de inmediato por una muchedumbre endogámica de seguidores que se apuntaron al bombardeo sin comprobación alguna. Lo mismo hicieron algunos periodistas que, para no quedarse fuera de la corriente dominante, recogieron sin más de las redes el manipulado escándalo, blanqueando así la mercancía averiada.

Esta inquisición popular contribuye a formar una espiral del silencio (como la definió Elisabeth Noelle Neumann en 1972) que acaba creando una apariencia de realidad y de mayoría cuyo fin consiste en expulsar del debate a las posiciones minoritarias. En ese proceso, la gente se da cuenta pronto de que es arriesgado sostener algunas opiniones, y desiste de defenderlas para mayor gloria de la posverdad, la posmentira y la poscensura. Así, el círculo de la manipulación queda cerrado.

Álex Grijelmo. Autor de ‘La información del silencio. Cómo se miente contando hechos verdaderos’ (Taurus, 2012).

Artículo original en el diario El País

 

 

Los medios de comunicación están viviendo una crisis de credibilidad en todo mundo. Pero otra cosa es llegar a la extrema desconfianza en una prensa censurada, para pasar a depender de los rumores, de los blogs y de las redes digitales en la vida cotidiana. Fausto Izcaray


Multitud no registrada
Aunque el presidente Nicolás Maduro fue elegido por voto popular en 2013, su gobierno ha violentado de manera insistente y abierta la separación de poderes que consagra la Constitución Bolivariana, y por lo mimo debe ser tenido como una dictadura.

El plebiscito recientemente convocado por la Asamblea Nacional y por la Mesa de Unidad Democrática fue una ocasión indudable para observar a toda una sociedad movilizándose y produciendo un hecho que, en otros países, hubiera sido objeto de las primeras páginas de los medios impresos y de operativos durante todo el día de los medios audiovisuales, con amplia cobertura de los ciudadanos que participaban.

No así en Venezuela por la estricta censura que decretó el gobierno de Maduro con amenazas de cierres de radios y televisoras. Las “órdenes” que prohibían darle cobertura a la Consulta Popular hicieron – como ya es costumbre- que los medios se autocensuran para evitar las sanciones gubernamentales. Los venezolanos que queríamos informarnos sobre la marcha de los eventos del pasado 16 de julio acudimos a las redes, especialmente por medio de nuestros teléfonos celulares.

 

Armando rompecabezas
El sábado anterior -8 de julio- los venezolanos amanecimos con una noticia de alto impacto político, difundida por medios y cables internacionales: “A Leopoldo López le fue dada su casa por cárcel y fue trasladado a su casa de familia a las 3:00 am”. La noticia, como muchas otras que ocurren cada día, fue transmitida originariamente por medios internacionales y luego por las redes informales de la comunicación ciudadana.

Para nosotros se trata de armar un gigantesco rompecabezas que, además, demanda que cada segundo busquemos nuevas piezas que deben calzar en lo que para el común venezolano es la “realidad cambiante, incierta y oscura”, por “política de Estado” del gobierno de Nicolás Maduro.

Es una experiencia que por lo menos hace que nos sintamos algo esquizofrénicos. Cuando vamos a realizar cualquier diligencia, que para un habitante de otro país sería la vida diaria, intentamos informarnos qué puede estar pasando en la ciudad para orientarnos y evitar zonas en pleno conflicto. La censura y la autocensura hacen que poco o nada de lo que ocurre en el país sea reflejado en los medios.

La noticia de la casa por cárcel de Leopoldo López tuvo que ser difundida por medios en España para que luego los medios venezolanos se hicieran eco. Igual pasa con las manifestaciones y diversos actos de la rebelión popular en contra de la dictadura iniciada por Hugo Chávez y acentuada feroz y torpemente por su sucesor.

 

Cómo opera la censura
La prensa escrita independiente es casi inexistente. Los periódicos son amenazados por la dictadura con imputaciones a sus directivos, que luego se convierten en condenas por supuestos crímenes, dictadas por los obsecuentes jueces del chavismo, so pena de ser encarcelados ellos mismos si no obedecen las órdenes de “arriba”.

Es una experiencia que por lo menos hace que nos sintamos algo esquizofrénicos.
Los medios audiovisuales, cuya característica como vehículos informativos era la inmediatez, ahora son canales censurados y sancionados con abultadas y arbitrarias “multas”, por parte del Consejo Nacional de Televisión (Conatel), el músculo censor creado para satisfacer el ansia de control del comandante Chávez y ahora de su mediocre sucesor Maduro.

Las radios y televisoras que quedan funcionando lo hacen bajo una lamentable política de autocensura, para poder sobrevivir. Quedan algunos periódicos como El Nacional en Caracas, El Correo del Caroní en Ciudad Bolívar, El Impulso en Barquisimeto, La Verdad de Maracaibo, que sobreviven a duras penas porque el gobierno, que controla directamente la importación de papel para medios impresos, les niega el suministro y por eso han tenido que emigrar a las versiones digitales en sus sitios web.

Por eso, un venezolano común tiene que acudir a los medios digitales, especialmente telefónicos, donde la censura dictatorial es menos eficiente.

Esto nos enfrenta a una diaria complicación. Si viajo en un vehículo de una ciudad a otra es probable que las redes estallen en escenarios de conflicto armado en la ciudad a la que quiero llegar. Y puede ser que en algunos sectores eso esté ocurriendo, pero que ansiosos y temerosos usuarios generalicen a todas las calles y avenidas, cuando a esa hora el conflicto está y fuerte, cobrando heridos y muertos, en algunas zonas específicas.

Aprender a identificar los medios digitales confiables, contactar a familiares y amigos que vivan en la zona que uno quiere transitar es clave, si alguno de ellos está en el sitio y te puede dar la información actualizada.

 

Pobreza y boom digital
Al mismo tiempo la situación económica reduce la posibilidad de que los pobres accedan a los llamados teléfonos inteligentes porque los precios superan el millón de bolívares.

Según las últimas cifras que publica el propio gobierno, en el tercer trimestre de 2015 los venezolanos que usaban efectivamente los celulares eran 29.513.301; en el mismo trimestre de 2016 se habían reducido en 1,687,368, para un nuevo total de 27,825,933.

Y en 2017 la crisis económica se ha agravado, haciendo estragos en la vida del venezolano común, cuyos ingresos no alcanzan ni para el mínimo de los alimentos. No existen estadísticas actualizadas, pero es fácil concluir que la caída en el acceso a la telefonía móvil ha afectado sobre todo a los menos pudientes.

No obstante, uno de los más reconocidos periodistas de investigación, Nelson Bocaranda informa en su blog Rurunes.es que ¨El domingo pasado se celebraron unas elecciones en la que participaron más de 7 millones 500 mil venezolanos sin que los tradicionales grandes canales de televisión tuvieran relevancia alguna tanto en el área informativa como en opinión. La preponderancia de los nuevos medios digitales y las redes sociales fueron los nuevos canales de información instantánea y efectiva.”

Entre esos medios digitales, la Asociación Civil Medianálisis (ONG) conjuntamente con Monitoreo Digital, acaba de difundir los resultados de su último ranking. De acuerdo con ese estudio los medios mejor evaluados por su calidad periodística, son en su orden: Efecto Cocuyo; El Estímulo; Runrunes.es y El Pitazo (comparten el tercer lugar); Prodavinci, y Caraota Digital.

Medianálisis organizó el foro “Desinformación y fragmentación noticiosa ¿Cómo se arma el rompecabezas de lo que ocurre en Venezuela?” La consultora política Carmen Beatriz Fernández señaló que “el gobierno ha perdido la capacidad de control de la información sobre las audiencias por su falta de pertinencia, credibilidad y desinformación”.

Pero no son apenas los ciudadanos quienes sufren de la fragmentación de las noticias. También la viven los periodistas. Según Luz Mely Reyes, directora de Efecto Cocuyo, “Hay que combinar distintas visiones para más o menos armar lo que está ocurriendo pues la fragmentación atenta contra la democracia y consolida las posturas polarizadas”.

Y sin embargo…

Es de notar que el resultado de la participación masiva en la Consulta Popular del 16 de julio ha producido un cambio en las líneas informativas de las cadenas de televisión venezolanas.
Venevisión, uno de los canales que pactó con Hugo Chávez un cambio drástico en lo que fue su línea informativa antes del intento de golpe del 11 de abril del 2002 y que ha “bailado pegado” con el gobierno chavista durante todos estos años, decidió entrevistar a Enrique Capriles, uno de los principales opositores al régimen, y a cubrir las declaraciones de otros líderes de la oposición.

Televen, otro canal privado, y algunos canales regionales, han hecho lo mismo. Y en el paro nacional convocado por la Mesa de la Unidad Democrática el 20 de este mes, también cubrieron la soledad de las calles de ciudades venezolanas por una total adhesión de la población al llamado.

Eso ha hecho afirmar a la gente “las cosas están cambiando”. Es evidente que el profundo impacto de los más de 7 millones 200 mil votantes en el plebiscito convocado por la MUD y la Asamblea Nacional está resquebrajando rápidamente el andamiaje de la dictadura. La declaración sobre las líneas de un gobierno de transición que presentó la Asamblea Nacional al país, cumpliendo con una de las preguntas incluidas en el plebiscito popular, parece una manera de acelerar el proceso de cambio invitando a todos los sectores, incluyendo a los partidarios del chavismo que ocupan actualmente cargos de gobierno (alcaldes, gobernadores, por ejemplo) para que coadyuven a rescatar a Venezuela de la inmensa crisis en la que la sumergido la dictadura madurista. El viernes 21 juramentaron los nuevos jueces del Tribunal Supremos de Justicia designados por la Asamblea Nacional cumpliendo, ahora sí, con todos los procedimientos estipulados en la Constitución que habían sido violados por los “magistrados exprés” y la Asamblea Nacional anterior que presidía el más repudiado de los chavistas dentro y fuera del PSUV, partido de la dictadura. En el acto de juramentación también los canales de TV privados decidieron saltarse la censura y entrevistaron algunos de los nuevos jueces llamándolos “Magistrados”.

¿Anticipación de una luz al final del túnel?

 

Fausto Izcaray

Licenciado en Periodismo egresado de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, M.A. en Periodismo y Ph.D.  en Communicación de la Universidad de Wisconsin-Madison USA, reportero de diarios y redactor de revistas  en sus comienzos profesionales;  profesor jubilado de universidad, investigador de los usos y efectos de la comunicación de masas en Venezuela de amplia obra publicada en revistas internacionales especializadas; ejecutivo y consultor  de empresas actualmente.

 

Artículo original en Razón Pública 

Las entrevistas que no debimos publicar

Published in Destacados Jueves, 27 Julio 2017 13:03

Una periodista chilena radicada en España envió diversas colaboraciones a La Tercera desde hace más de un año. La última fue una entrevista al ex Presidente José Rodríguez Zapatero. Esa entrevista, sin embargo, no existió.


Una entrevista publicada el lunes 24 de julio en La Tercera no era una entrevista. Este diario publicó ese día una conversación entre la chilena Ximena Marín Lezaeta y el ex Presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Bajo el título “En Venezuela el diálogo ha existido, existe y existirá”, el ex jefe de gobierno se explayaba en su misión como mediador en el conflicto que sufre ese país. Su contenido fue replicado por agencias internacionales el mismo día en que Zapatero estaba en Venezuela. Sin embargo, la entrevista publicada nunca se realizó.

Alertados sobre la entrevista inexistente por el jefe de gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, José Miguel Vidal, el subeditor de Mundo de La Tercera, Pedro Schwarze, contactó la noche del lunes a Ximena Marín, quien aseguró que la entrevista se había realizado. Schwarze le pidió los audios como respaldo y Marín prometió buscarlos, los que hasta ahora no han llegado.

El texto que se publicó este lunes fue enviado el jueves 20 de julio por Ximena Marín, con el siguiente mensaje: “Costó conseguirla, porque R. Zapatero desea estar en silencio, debe tener mucha cautela, porque la situación está compleja”, aludiendo a su misión en Venezuela. Su contenido, no obstante, resultó ser una réplica casi exacta de una entrevista concedida por Rodríguez Zapatero a la revista española Cambio 16, publicada en mayo. Así lo ratificó ayer la oficina del ex jefe de gobierno español en una declaración en la que negó haber hablado con Marín: “Esa entrevista no se ha producido, ni presencialmente ni por ningún otro medio”, dice el texto.

Ximena Marín, quien se presenta como licenciada en comunicaciones de la Universidad Complutense, acudió ayer a las oficinas de Rodríguez Zapatero. Su asesor, José Miguel Vidal, comentó desde Madrid que Marín explicó a una secretaria que, en un desayuno realizado hace semanas, consultó a Rodríguez Zapatero si sus declaraciones “las podía ‘formatear como si fuesen una entrevista’”. Ximena Marín aseguró que Zapatero la autorizó. “Zapatero no la conoce ni haría eso, que es francamente irregular”, comentó Vidal por correo.

La Tercera revisó los anteriores trabajos enviados por Ximena Marín y detectó que otra entrevista, al ex Presidente colombiano Álvaro Uribe, publicada el 26 de junio, también coincidía con un reporte anterior de Cambio 16. El editor de ese semanario, Iñigo Aduriz, relató que Marín visitó ayer el medio para intentar explicar lo inexplicable.

Revisada la decena de trabajos publicados por este medio bajo el nombre de Ximena Marín Lezaeta, La Tercera detectó diversas irregularidades en el correcto ejercicio de la profesión: seleccionó intervenciones públicas de dirigentes políticos españoles y las convirtió en entrevistas; recogió citas de ruedas de prensa y las presentó como conversaciones exclusivas; utilizó entrevistas radiales sin citarlas e incluso construyó supuestas entrevistas con declaraciones de terceras personas.

Requerida por las inconsistencias de su trabajo, Ximena Marín entregó explicaciones que este medio considera inaceptables en la práctica periodística.

La Tercera informa que retirará de su página web todos los artículos firmados por Ximena Marín Lezaeta, contra quien ejercerá las acciones que nuestros asesores legales resuelvan y quien el lunes dejó de colaborar con este diario. Además, comprometemos nuestros mejores esfuerzos para mejorar los mecanismos internos de control.

La Tercera ofrece disculpas públicas a nuestros lectores por no haber detectado a tiempo una mala práctica que daña el trabajo de decenas de profesionales que integran este diario. También nos disculpamos con las personas a las que atribuimos entrevistas que nunca fueron realizadas y a los medios que, como Cambio 16, fueron afectados por el mal uso que Marín hizo de su material periodístico

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Puede encontrar el texto original en La Tercera

 

Contra el periodismo de trinchera

Published in Destacados Jueves, 29 Junio 2017 12:04

 

FRANCESC DE CARRERAS

¿Qué es el periodismo de trinchera? No hacen falta muchas explicaciones, su propio nombre lo indica. Es aquel tipo de periodismo que contempla la realidad como un campo de batalla en el que se enfrentan buenos y malos y en el cual el periodista, apostado siempre en la trinchera de los buenos, tiene por misión disparar únicamente contra los malos.

El periodismo, visto de esta manera, es una forma de hacer la guerra: primero hay que tomar partido, escoger bando y, una vez situado en el mismo, el bando bueno, disparar tus balas –noticias y opiniones– para aniquilar a los malos: nada debes decir a su favor, todo lo que vaya en su contra vale, el contrario es tu enemigo y al enemigo, ya se sabe, ni agua. Con los buenos, los tuyos, la actitud debe ser absolutamente a la inversa.

Así, la objetividad en la trasmisión de los hechos o el conocimiento para argumentar de forma coherente las opiniones, quedan arrinconadas, no forman parte de este tipo de periodismo. Su finalidad es hacer política de parte, en ningún caso suministrar noticias y dar razones para que los lectores, libremente, escojan cuáles son sus opiniones propias.

Este tipo de periodismo tiene poco de democrático, mejor dicho, ni siquiera ha asimilado algunos de los grandes valores ilustrados, por ejemplo, la libertad y la racionalidad de pensamiento. Se mueve en el mundo de la fe y las creencias, y el público que lo consume lo que quiere es afirmarse en sus ideas sin que nadie le introduzca duda alguna sobre las mismas. Es un periodismo que a veces se autodenomina progresista pero que no conduce a progreso alguno sino solo al bloqueo de las mentes, al dogmatismo y al fundamentalismo, ya que no parte ni de la libertad de criterio ni de la razón como método para averiguar la verdad.

Sin duda hay otro periodismo, que no sé bien como denominarlo, ¿ilustrado, democrático, liberal? Escojan el adjetivo. Sus fundamentos son claramente distintos al anterior. Busca la veracidad de los hechos, considera como un bien a proteger la diversidad de opiniones y argumenta conforme a valores previamente conocidos según la gran regla cartesiana: poner todo en duda para así poder explicar, basándose en hechos y aportando razones, lo que en realidad sucede.

En definitiva, para este periodismo ¿ilustrado?, las noticias no deben ser relativas –ni alternativas– sino objetivas, mientras que las opiniones son libres y subjetivas, aunque su valor depende de la calidad de sus argumentos. En conclusión, su finalidad no es adoctrinar sino contribuir a que cada cual pueda formar libremente su propia opinión. No es el periodismo que hoy abunda, abunda el de trinchera, pero es el que a mí me gusta.

Artículo extraído del diario El País 

 

 

En el marco del Día del Periodista, la Asociación Civil Medianálisis, en alianza con El Estímulo, presentó los resultados del estudio sobre la Situación del Periodismo en Venezuela, a través de una transmisión en vivo realizada en el canal de Youtube del medio digital señalado.

La investigación, que Medianálisis viene realizando anualmente desde el año 2015, ha llegado a su tercera edición, teniendo como propósito explorar distintas dimensiones de la profesión, como la situación laboral de los periodistas, el contexto editorial de los medios, la censura, autocensura, y autorregulación.

Para obtener información representativa al respecto, entre marzo y mayo de 2017, se aplicó una encuesta cara a cara a 368 periodistas pertenecientes a medios digitales, impresos, radio y televisión, distribuidos entre la Gran Caracas, Barquisimeto, Ciudad Guayana, Barcelona, Maracaibo, Maracay, San Cristóbal y Valencia.

Sobre las condiciones laborales del periodista venezolano

En lo que se refiere a la relación laboral entre el periodista y la empresa, se encontró en el estudio que 56,3% de los periodistas trabajan bajo la modalidad de contrato fijo, sin embargo, sólo 27,8% de los encuestados trabaja únicamente para un solo medio, el resto debe recurrir a otras fuentes de ingresos –relacionadas o no con el área del periodismo- para poder sobrevivir.

Otros elementos, como la débil agremiación (42% no posee ninguna agremiación, el 53,3 % está colegiado el 19,9% sindicalizado) y la baja remuneración (el 76,8% tiene ingresos de dos salarios mínimos integrales o menos) siguen siendo grandes retos en Venezuela, situación que se acentúa aún más en el interior del país.

El contexto editorial ¿Plural o sesgado?

Otro desafío que se presenta en el ámbito periodístico es el del logro de líneas editoriales plurales y equilibradas, ya que, actualmente, muchos medios toman decisiones editoriales tendenciosas, según 46% de los periodistas encuestados. En la Gran Caracas este sesgo se encuentra en mayor proporción que en el interior del país.

Además de esto, 40% de los periodistas afirmaron que la línea editorial del medio en el que laboran ha traído problemas como agresiones físicas o verbales, amenazas personales, ataques a la integridad física, detenciones ilegales y retención o daño de equipos y material periodístico. Esto, en definitiva, es causa fundamental de los escenarios de censura y autocensura que se han encontrado también en el estudio.

En otro sentido, sobre la dinámica de género dentro de los medios, se evidenció que hombres predominan en los puestos de mando, observando un 58% de jefes masculinos y 41% de jefaturas en manos de mujeres periodistas. Esta brecha es mayor en la radio, le siguen los medios impresos, y es menor aún en medios digitales y televisión. Sin embrago, por ser la muestra de periodistas femenina más jóvenes y la de hombre de más edad, no puede afirmarse que se trate de discriminación de género, es posible que solo refleje tiempo de experiencia laboral.

Censura, autocensura y autorregulación

En el abordaje de la censura, se halló un porcentaje importante (37,4%) de periodistas que admitieron haber recibido instrucciones para modificar informaciones ya validadas, principalmente para cambiar aspectos de fondo de la redacción y dejar de cubrir temas específicos. No obstante, mayor que este porcentaje, es el que representa la cantidad de periodistas que aseguraron haberse autolimitado (55%), donde 3 de cada 5 lo han hecho por autocensura y 2 por autorregulación. Es decir, un 30% refleja haber asimilado la censura.

En ese escenario de censura y autocensura, un 49% de los periodistas no posee conocimientos óptimos sobre la autorregulación como recurso de calidad periodística y garantía del derecho a los usuarios a una información exhaustiva y pertinente.

El periodismo hoy en Venezuela se enfrenta a muchísimos desafíos, por ello la Asociación Civil Medianálisis ha querido, durante estos últimos tres años, partir de un diagnóstico que permita un conocimiento más profundo y fundamentado de la realidad, para poder así proceder a la búsqueda de soluciones.

Nota realizada por la Dirección de Egresados UCAB: ¿Cómo se arma el rompecabezas de lo que ocurre en Venezuela?

Durante el foro “Desinformación y fragmentación noticiosa ¿Cómo se arma el rompecabezas de lo que ocurre en Venezuela?” se ofreció una mirada del campo periodístico e informativo desde distintas perspectivas de profesionales. Participaron Carmen Beatriz Fernández, consultora política venezolana; Tomás Straka, historiador e investigador de la UCAB; Colette Capriles, psicóloga social y profesora de Teoría Política de la USB; Iria Puyosa, académica venezolana y estudiosa de la “Sociedad-Red”; Luz Mely Reyes, periodista y analista político, directora de Efecto Cocuyo y Luis Carlos Díaz, infociudadano y activista del derecho a la información.

Fernández señaló seis piezas fundamentales que conforman el rompecabezas de la situación que vive el país: la primera se llama empate electoral. “Fue en marzo de 2013 cuando el presidente Nicolás Maduro empieza a consolidar su capacidad de gobierno, sus mensajes se dirigen al 20 por ciento de la población más revolucionaria que lo ayuda a consolidarse”.

La segunda pieza se refiere a la hegemonía comunicacional, que se consolida en 2013, donde el gobierno se hace dueño de varios medios de comunicación. Sin embargo, surge también la tercera pieza que es la migración de las audiencias del chavismo. La cuarta es la exposición selectiva, ya que cada ciudadano busca la información en función de creencias y cómo concibe la realidad.

La quinta es la legitimidad, “el gobierno arranca con una de origen, pero tiene ilegitimidad de desempeño”, y la última pieza se llama rumor, ya que “el gobierno ha perdido la capacidad de control de la información sobre las audiencias por su falta de pertinencia, credibilidad y desinformación”.

El control político

La manipulación informativa tiene distintos mecanismos muy comunes actualmente. Puyosa manifestó que uno de ellos es la desinformación que “puede ser aquella que no ha sido contrastada, la que se presenta de forma incompleta o defectuosa o la que ataca otra versión sobre un acontecimiento”.

Otro mecanismo es la teoría de la conspiración, “como instrumento de propaganda para convencer que los medios y los periodistas no funcionan”. También están los anónimos virales que son los que aprovechan el efecto de las relaciones personales para acelerar la difusión de la propaganda. El ciberacoso, que produce intimidación al publicar información personal de alguien. Los trolls que apuntan a generar vergüenza social, provocan emociones negativas y discursos ofensivos. “Todos estos inhiben la movilización, cierran espacios de discusión y generan desconfianza”.

Además mencionó los bots políticos, programados para hostigar a usuarios con palabras claves de uso político y crear tendencias artificiales. Los calificó como “poco eficientes, pero siguen robando espacio a los usuarios”. Por último habló de los laboratorios que plantean una historia jugosa en un medio pequeño, que se amplifica más allá de su alcance original.

Recuperar el lenguaje común

Capriles se refirió al lenguaje político y cómo se relaciona con la fragmentación. “La república es la cosa pública que nos une, lo que construimos todos. Existe un lenguaje republicano, pero en nuestro mundo político ya no tenemos un lenguaje común”.

Sostuvo que la fragmentación del lenguaje significa que no podremos recuperar la república si no recuperamos el lenguaje común. “El trabajo de los venezolanos tiene que ser recuperar la unidad pluralista. Recuperar la fe en la unidad a pesar de su diversidad y que hayan reglas que todos conozcamos”.

La fragmentación atenta contra la democracia

Reyes indicó que los ciudadanos no son los únicos que se enfrentan a la fragmentación noticiosa, también lo hacen los periodistas. “Hay que combinar distintas visiones para más o menos armar lo que está ocurriendo. Esta fragmentación atenta contra la democracia y consolida las posturas polarizadas”.

Para la periodista el Twitter ha permitido romper con la censura, pero es necesario tener usuarios responsables. “Lo que más se ha violentado es el derecho de la gente de estar informado”.

La clave está en ser crítico

Straka expresó que actualmente hay que seleccionar, ponderar y evaluar grandes volúmenes de noticias. “Los medios tradicionales producen desconfianza por la desinformación, mientras las redes sociales ofrecen gran cantidad de información. Pero, ¿cómo separar lo que es verdad de lo que no? La fotografía no miente, pero el fotógrafo sí”.

Señaló dos clases de mentiras típicas: las deliberadas, que son aquellas en las que mientras más confundas al enemigo, mejor; y las que son por falta de información. Ante esta realidad recomendó que “no se puede ser reverente con el pasado ni con la autoridad. Sea crítico siempre. Busque la fuente, quién y cómo emite la información. El contexto debe tener verosimilitud y tome en cuenta que la explicación más sencilla es la más probable”.

Las redes sociales no son una amenaza

Díaz explicó que se ha tendido a confundir medios de comunicación con plataformas. “El medio de comunicación es una industria donde hay un procedimiento para procesar información que termine en un producto. Lo que vemos en las redes sociales son datos e insumos que necesitan pasar por métodos periodísticos como la verificación y el acceso a la fuente. No las podemos ver como una amenaza porque hay riqueza ciudadana que contribuye con lo que sucede”.

Es importante entender que el ritual informativo fue alterado en Venezuela. “Nos estamos informando por nuestro filtro social y no hay marcas. Estamos en un escenario de dictadura y hay malnutrición informativa. Hay que trabajar en redes para avanzar”.

Esta actividad fue elaborada en conjunto por la Dirección de Egresados de la UCAB y Medianálisis, con la idea de ofrecer al público mecanismos para mantenerse informado en contextos de censura y fragmentación de medios.

Fuente: Dirección de Egresados UCAB

 

Los portales Efecto Cocuyo y El Estímulo ocuparon los dos primeros lugares de la tercera edición bimestral del Ranking de Medios Digitales que elaboran la Asociación Civil Medianálisis y Monitoreo Digital C.A. con énfasis en Calidad Periodística. Esos dos medios son seguidos en el tercer lugar por RunRunes y El Pitazo; el cuarto lugar por Prodavinci y el quinto lugar Caraota Digital.

 

Durante el período Marzo-Abril de 2017, lapso analizado, estos portales web se han destacado por su labor periodística en la cobertura de hechos noticiosos profundizados y en la disposición de temas propios. Si bien la calidad periodística comprende muchos otros aspectos, en este caso se trata de una valoración acotada por la capacidad limitada de nuestras organizaciones.

 

El ranking bimestral de medios nativos digitales tiene como un primer elemento, para lograr la muestra de medios a analizar, la medición del tráfico según Alexa, construido a partir del promedio diario de usuarios en Internet que visitan la página y la media de páginas por visita.

 

En esta oportunidad, y tras consultar a diversos corresponsales extranjeros, se incluyó a dos medios que no estaban entre los 12 más visitados de Alexa. Los medios recomendados por los corresponsales extranjeros fueron Efecto Cocuyo y Prodavinci.

 

 

Tras analizar al conjunto de medios, se ponderó un Top 5 en Calidad Periodística, en el cual se valora la presencia de temas que el medio coloca por iniciativa propia en el espacio público y temas del día enriquecidos periodísticamente, considerándose además si se trata de temas sustantivos para la ciudadanía.

 

El índice tiene un valor máximo de 100 puntos y se elabora a partir del análisis de las noticias publicadas en la fecha de captura, que para esta edición fue en los días 22 y 23 de abril del presente año. La primera parte de la investigación tomó como referencia los medios más visitados durante marzo de 2017 según Alexa.

 

 

El “Ranking de Medios Digitales en Venezuela” no es una competencia de medios de comunicación, ni se utiliza para tal fin. Intenta mostrar las tendencias del público en su búsqueda de información, junto a indicadores de buenas prácticas periodísticas en los nuevos medios venezolanos.

 

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