Maximo

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Pase de Prensa BOD, programa de formación para periodistas de BOD Banco Universal, y la Asociación Civil Medianálisis, se unen para ofrecer el foro “Periodismo en transición. Innovación, emprendimiento y reinvención de las prácticas periodísticas en Venezuela”, que tendrá lugar el 29 de noviembre en el PH del Centro Cultural BOD, en la torre BOD de La Castellana, en Caracas.

 

Entre las 8:00 AM y la 1:00 PM, periodistas y académicos de la comunicación se reunirán en paneles de discusión para compartir experiencias y reflexiones sobre el ejercicio del periodismo en Venezuela.


Historias sobre el periodismo antes de Internet; debates acerca de la importancia de la verificación de la información en redes sociales; claves sobre el desarrollo de investigaciones periodísticas en el país; y reflexiones en torno al rol de las universidades en la formación de periodistas, ocuparán los cuatro paneles de la jornada, que está organizada en forma de conversatorios con ponentes y moderadores especiales para cada caso.


Las inscripciones son gratuitas y deben realizarse a través del siguiente formulario, debido a que los cupos son limitados:

 


"Como parte de nuestro compromiso con la formación de periodistas y estudiantes de todo el país, en Pase de Prensa BOD nos entusiasma contar con la presencia de reconocidos profesionales dela comunicación en el foro ‘Periodismo en transición’ que organizamos en alianza con la Asociación Civil Medianálisis", asegura María Elena Guevara, Gerente de Asuntos Públicos de BOD.


Pase de Prensa BOD nació con la idea de ofrecer a periodistas y estudiantes de comunicación social, un espacio para la actualización y discusión de contenidos periodísticos a través de talleres pensados como laboratorios creativos de periodismo. En este sentido, se iniciaron sus actividades en el año 2015 con el taller de crónica cultural “La peor butaca, por favor”, dictado por Willy McKey.

 

La asociación civil Medianálisis, por su parte, viene trabajando desde el año 2010 en el fortalecimiento de la calidad periodística en Venezuela con talleres, charlas y foros de discusión, así como investigaciones y análisis de las prácticas del periodismo en nuestro país.

 

PROGRAMA DEL FORO:

Panel 1. ¿Cómo se hacía periodismo antes del celular, las redes sociales y Google?
Moderador: Milagros Socorro
Panelistas:
Nelson Bocaranda
Manuel Felipe Sierra


Panel 2. ¿Qué investiga el periodismo en Venezuela?
Moderador: César Batiz. El Pitazo
Panelistas:
Joseph Poliszuk. Armando.Info
Jeanfreddy Gutiérrez. Cotejo.info
Lisett Boon. Runrunes


Panel 3. ¿Se puede enseñar a hacer periodismo? El papel de las universidades
Moderador: Andrés Cañizález
Panelistas:
Moraima Guanipa. UCV
Carlos Delgado. UCAB
Felipe González Roa. UMA


Panel 4. ¿Los nuevos medios digitales hacen nuevo al periodismo?
Moderador: Yelitza Linares
Panelistas:
Ángel Alayón. Prodavinci
Luz Mely Reyes. Efecto Cocuyo
Omar Lugo. El Estímulo


Señas en redes sociales:
Twitter: @PasedePrensaBOD | @Medianalisis
Instagram: @PasedePrensaBOD | @Medianalisis
Facebook: Pase de Prensa BOD | Medianálisis
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El día que el periodismo le ganó al Estado

Published in Destacados Lunes, 13 Noviembre 2017 10:56

 

Por: Johanna Osorio Herrera28/10/2017 

El 12 de febrero de 2014, Bassil Da Costa fue asesinado en una manifestación contra Nicolás Maduro. Juancho Montoya –líder de colectivos– y Robert Redman completaron la cifra de muertos de ese día. El gobierno acusó a la oposición. Pero un grupo de periodistas demostró, en un medio carcomido por la censura, que el asesino de Da Costa fue un funcionario del Sebin.

 

“La verdad no está destinada a permanecer oculta. No está destinada a ser suprimida. No está destinada a ser ignorada. No está destinada a ser disfrazada. No está destinada a ser manipulada. No está destinada a ser falsificada. De lo contrario, el mal prevalecerá. Nuestra misión especial como periodistas es asegurarnos de que la verdad sea revelada”.

Martin Baron. Director de The Washington Post. Ex editor de The Boston Globe

 

Una foto. Cien fotos. Una imagen: “Dos hombres en una moto de alta cilindrada”. Están delante de la marcha. Más fotos. Muchas fotos. Coincidencia: “Los mismos hombres atraviesan el cordón policial, más adelante”. Una pregunta: ¿quiénes eran?

 

Juan Carlos Solórzano inició su jornada laboral como cada tarde. Llegó al edificio de Últimas Noticias, ubicado desde 2012 en La Urbina, al este de Caracas, y se dirigió al departamento de videografía donde trabajaba. Era 12 de febrero de 2014. Un día miércoles.

 

La oposición había convocado, con motivo del Día de la Juventud, una movilización contra Nicolás Maduro. El llamado tomó fuerza tras el arresto de unos estudiantes en Táchira y Mérida la semana anterior. La protesta partió desde Plaza Venezuela, y tenía como destino la Fiscalía General, en la avenida Universidad. Acompañados por Leopoldo López, los jóvenes llegaron a la sede del Ministerio Público, donde entonaron el himno nacional y exigieron la liberación de sus compañeros de la región andina.

 

La actividad concluyó. Pero un grupo se negó a irse.

 

Quienes se quedaron prosiguieron hasta la esquina Monroy y luego subieron hacia Tracabordo, donde tumbaron una moto del Sebin. El hecho desató la furia de los funcionarios de ese cuerpo, quienes comenzaron a disparar a los manifestantes. Corrieron, unos hacia la avenida Universidad y otros hacia una calle lateral. El segundo grupo de manifestantes regresó pocos segundos después —exactamente 12, contabilizaría la reconstrucción de hechos de la Unidad de Investigación de Últimas Noticias—. Quedaron en la línea de fuego. Y a las 3:13, cayó de frente contra la acera Bassil Da Costa. A las 3:25, el joven de 24 años ingresó muerto al Hospital Vargas, por un disparo en la cabeza.

 

Si desea seguir leyendo este artículo, puede continuar en el texto original, publicado por La vida de nos.

La peligrosa labor de ser periodista

Published in Destacados Viernes, 03 Noviembre 2017 09:49

Secuestrados, torturados y asesinados: la violencia contra periodistas aumenta en todo el mundo. Pero solo uno de cada diez crímenes queda resuelto. A menudo, los Estados donde trabajan son sus principales enemigos

Por Deutsche Welle | 2 de noviembre, 2017

 

Según el informe preliminar publicado por la UNESCO “Tendencias mundiales en la libertad de expresión y el desarrollo de los medios”, entre 2012 y 2016 un total de 530 periodistas han sido asesinados. Y según la red “Reporteros sin Fronteras”, a la cifra dada por la UNESCO se le debe añadir 47 periodistas más.

En comparación con las décadas anteriores, es un aumento significativo. “La vida como periodista se ha vuelto cada vez más peligrosa”, confirmó Christian Mihr, director general de Reporteros sin Fronteras. Y es que solo uno de cada diez crímenes queda resuelto. Para llamar la atención sobre esta situación, la ONU lanzó en 2013 el Día Internacional para poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas, celebrado cada 2 de noviembre.

Particularmente en riesgo están los llamados “reporteros ciudadanos”, que difunden información en blogs de Internet y las redes sociales como Facebook y Twitter. Informan desde regiones y países en los que periodistas clásicos ya no existen. Fue en una resolución de 2014 de la ONU en la que por primera vez se ha reconocido el papel y la necesidad de protección de estos reporteros ciudadanos. Pero a pesar de muchas resoluciones que han de garantizar la protección de estos profesionales de los medios, el número de homicidios sigue al alza.

¿Derechos humanos? No tan importante

 

Según Mihr, la razón de esto es el colapso de muchos Estados. “En Afganistán, Siria o Somalia, las organizaciones de facto han tomado el poder y no se sienten obligadas a cumplir los tratados de derechos humanos establecidos”, aseguró Mihr. De hecho, la tasa de asesinatos es más alta en las regiones árabes.

Pero el colapso de los Estados no es el único problema, opina Mihr. En muchos casos, los propios Estados no tienen interés en investigar y resolver crímenes. “Los periodistas a menudo informan sobre cosas que a ciertos miembros del Gobierno desagrada. Para encontrar tales casos, no hay que ir muy lejos: basta con mirar a Malta”, aseguró Mihr, quien tiene dudas sobre el interés del Estado en investigar el reciente asesinato de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia.

Los secuestros, la detención y la tortura van en aumento

 

No solo aumenta la cantidad de periodistas asesinados, sino también la cantidad de actos de violencia contra ellos. Las detenciones arbitrarias, los secuestros y la tortura son solo algunos de los crímenes que enumera la UNESCO. A esto se agrega la violencia en el espacio digital a través de campañas difamatorias y ataques a los sitios web de periodistas no deseados.

Muchos son rastreados por la vigilancia digital en todo momento. Y lo que parece inofensivo a menudo termina en violencia real. “En la mitad de los casos en los que Reporteros Sin Fronteras proporciona ayuda de emergencia, las personas han estado en una situación de emergencia, detenidas o torturadas porque antes eran monitoreadas digitalmente”, afirmó Mihr.

Los perpetradores de la violencia son en su mayoría actores estatales. Si bien la mayoría de los asesinatos ocurren en países donde hay caos y las estructuras estatales están anuladas o son ineficaces, son los Gobiernos los que encarcelan a la mayoría de los periodistas. Con mayor frecuencia, los periodistas son arrestados en Turquía, Egipto y China.

Protección a través de un delegado especial de la ONU

 

Las Naciones Unidas ya han aprobado varias resoluciones que destacan la importancia del trabajo periodístico y exhortan a los Estados miembros a proteger a reporteros. No obstante, en muchos países esto muestra poco efecto. Por lo tanto, la asociación de Reporteros sin Fronteras exige la figura de un delegado especial de la ONU basado en el modelo del delegado especial para niños y conflictos armados designado por la ONU en 1997. Este representante especial podría investigar y documentar de forma independiente los casos de violencia a periodistas, para que puedan ser enjuiciados, dice Mihr. Esta idea ya tiene muchos seguidores: este año, el Bundestag (la Cámara Baja del Parlamento alemán) ha solicitado explícitamente a un delegado especial, convirtiéndose así en el primer Parlamento del mundo en hacer tal solicitud.

Mihr cree que el delegado especial para la protección de los periodistas podría dar más peso al tema, fortalecer las resoluciones de la ONU y prestar más atención al Día Internacional para poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas. “Espero que la figura del delegado especial llegue el próximo año”, concluyó Mihr.

Autora: Julia Vergin (few/jcg)

 

Artículo extraído de Prodavinci. Puede leer el texto original aquí: La peligrosa labor de ser periodista

"¿Por qué creo que ante un gobierno represor y opresor no podemos ser neutrales? Por la misma razón  que frente a un golpe de Estado no se puede ser neutral", argumenta desde Venezuela Luz Mely Reyes, cofundadora de Efecto Cocuyo.

@luzmelyreyes

 

En la reciente edición del Festival Gabo se dedicó un panel para hablar sobre Venezuela. La introducción hecha por Rodrigo Pardo, director de Semana y amplio conocedor de mi país,  reflejaba las complicaciones para entender desde afuera  lo que ocurre.  El desarrollo del panel que compartimos con otros dos paisanos, Boris Muñoz, editor de opinión de The New York Times y el escritor Alberto Barrera Tyska, autor de Patria o Muerte, entre otros libros,  me hizo reflexionar luego sobre cómo podemos explicar lo que sucede en nuestro país y cómo lo que vivimos puede afectar nuestro enfoque. Esta preocupación se ha profundizado luego de los resultados de las elecciones regionales del 15 de octubre.

Durante este  año constantemente me he preguntado ¿Cuál es mi papel como periodista comprometida con la democracia ante un gobierno que insiste en violar la mayoría de las normas? ¿Debo abstenerme de opinar-obvio que diferenciando de información- y enfocarme solo en informar los hechos? ¿Cómo afecta mi credibilidad la toma de posición? ¿Cómo puedo salvaguardar el ejercicio sino imparcial, si honesto,  ante lo que ocurre en mi país? ¿Cómo lidiar con los sesgos que pueden afectar la capacidad de análisis de lo que sucede en Venezuela? ¿Cuál es el costo que debo pagar por no exponer mi posición frente a determinados hechos? ¿Cuál es costo que debo pagar por exponerla?

Es un ejercicio de reflexión exigente y  debo confesar que aún no hallo una respuesta. En otras ocasiones decidía dedicarme solo a reportar hechos y reducir mis opiniones. Esta vez no estoy segura.

Barrera Tyska decía en el panel que Venezuela es un país que se quedó sin verdades. Esto porque cada hecho tiene una versión, dependiendo de la acera desde donde se le mire.  Muñoz por su parte cuestionaba que los periodistas no éramos igual de acuciosos con la oposición como lo hemos sido con el gobierno.

Desde mi perspectiva,  desde hace mucho tiempo nos hemos quedado con medias verdades, mentiras y propaganda y esta tendencia se ha establecido en medida que  aumenta la confrontación. En este escenario entonces el gobierno echa mano a todo su artillería propagandística y  algunos grupos de opositores no se quedan atrás con la estimulación de expectativas que poco se acercan a la realidad. A ello hay que sumar la constante tensión que hay entre periodistas y usuarios de información cuando un dato no se corresponde con la posición de unos u otros.

¿Dictadura o qué?

En el panel de una hora invertimos más de 10 minutos discutiendo si estábamos frente a una dictadura o un gobierno autoritario del Siglo XXI.

Entiendo la necesidad de la discusión, pero también comprendo  que en el campo internacional resulta  cuesta arriba explicar cómo esta dictadura aún permite que existan medios independientes, especialmente digitales o celebra elecciones (nada competitivas y llenas de trampa, pero elecciones al fin).  Este es uno de los argumentos del gobierno que más asidero tiene.

El diario Folha de Sao Paulo ha decidido calificar al gobierno de Maduro de  dictadura. Tal vez una prueba de  lo delicado de la calificación  es que la mayoría de los medios venezolanos evitan esta denominación por las consecuencias que puede acarrear: cierre de medios radioeléctricos, bloqueos en internet y tal vez persecución soterrada de los  líderes de opinión más emblemáticos, como es pedir a dueños de emisoras de radio que los saquen del aire, confiscar los pasaportes o sugerir evitar hablar de ciertos temas.

Me he decidido por un término acuñado por la organización Instituto Prensa y Sociedad que define a este gobierno como un Autoritarismo del Siglo XXI, en un claro contraste frente al modelo de Socialismo del Siglo XXI con el que algunos académicos bautizaron el experimento político en Venezuela.

Hay elecciones ¿y qué?

En las recientes elecciones regionales  el oficialismo obtuvo 18 gobernaciones y la oposición 5. Al menos en dos estados hay indicios de fraude. Además, el proceso electoral no cumplió con estándares de integridad electoral reconocidos internacionalmente, pese a que el Consejo Nacional Electoral se asume como un árbitro imparcial.

Con estos resultados, el gobierno insiste en que la comunidad internacional no les califique de dictadura.  Recordemos que la  integridad electoral se refiere “tanto a los convenios internacionales como a las normas globales aplicadas de forma universal a todos los países durante todo el ciclo electoral. El ciclo incluye el período preelectoral, la campaña, el día de las elecciones y las repercusiones de los resultados (Norris 2014)”, citado en el informe Integridad en las elecciones de América  2012-2014.

Todo ocurrió igualmente en medio de una altísima sensibilidad, con la descalificación de la autoridad electoral por su actuación durante la celebración de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, de un debate de la opinión pública, especialmente en las corrientes de oposición, sobre si con las condiciones y la poca competitividad se debía asistir o no a la convocatoria de unas elecciones que debieron realizarse en 2016, cuya fecha fue fijada para diciembre de este año y que finalmente, por una decisión de la ANC fue adelantada al 15 de octubre de 2017.  Además, en un contexto internacional en el cual funcionarios han sido sancionados por Estados Unidos, México y Canadá  por la violación de derechos humanos, con la advertencia de la Unión Europea de sumarse a las sanciones. Y en medio de todo con una insistencia al diálogo por parte del gobierno.

Los resultados de estas elecciones lejos de dirimir el conflicto de fondo, abrieron nuevas heridas y temores sobre al avance del proyecto hegemónico del gobierno.

Como periodista, me pregunto cómo podemos entender los resultados del 15-O. ¿Cómo comprender que no obstante un sistema fraudulento, el chavismo tiene una base dura que le vota? ¿Dónde buscar respuestas a los resultados? 

Soy de quienes creo que nos toca un ejercicio de revisión y autocrítica. Es posible que no estemos leyendo bien lo que ocurre en el país y en consecuencia  tampoco lo estemos explicando.

¿Dónde buscar la verdad?

A las limitaciones por la polarización, la censura y la autocensura en Venezuela se añade que hay una cerrazón de la información oficial. No es algo reciente, pero cada vez es más refinado el mecanismo de  opacidad. Por ejemplo,  la información básica como el boletín epidemiológico o los informes del Banco Central sobre las variables económicas, datos a los que solo el gobierno tiene acceso,  ya no se publican.

En contraste,  hay  organizaciones no gubernamentales que  hacen seguimiento a distintos temas y ofrecen cifras no oficiales que orientan en la mayoría de los casos para el trabajo periodístico, pero las cuales pueden tener un sesgo metodológico. Este es el caso  de las cifras de inseguridad, específicamente de personas asesinadas. Mientras la última información de una fuente oficial ubica la tasa de homicidios en 70,1 por cada 100.000 habitantes, las estimaciones del Observatorio de Violencia la ubica en 90. No obstante, el papel de las ongs ha sido fundamental para acercarse a la caja negra de las cifras oficiales, tal es el caso de sistema Saman que detectó los altos índices de desnutrición en infantes y niños de cero a 5 años de edad.

¿Neutral?

Desde que inició el experimento chavista en Venezuela,  muchos periodistas discutimos sobre nuestro rol. No hubo posiciones de consenso. En términos individuales cada quien asumió  una postura.  En mi caso me ubiqué en el centro por la convicción de que en una sociedad polarizada la verdad se escurre frente a los ojos de todos,  porque ambos polos siempre tendrán una versión. También me llevó a esta posición, los errores iniciales que se cometieron desde los medios y que tuvo como colofón el golpe contra el presidente Hugo Chávez en 2002. Pero más que nada, mi posición se basó en el hecho de que nos gustase o no, Chávez fue electo presidente por una mayoría, en una elección en la que no hubo evidencias ni indicios de fraude.

Sin embargo, mi posición cambió luego de tantos años, por dos hechos fundamentales: el desconocimiento del gobierno a la voluntad del electorado cuando escogió el 6 de diciembre de 2015 la Asamblea Nacional (con mayoría de ⅔ para la oposición) y por las sentencias emitidas por el Tribunal Supremo de Justicia, que en palabras de expertos rompieron el orden constitucional, un orden que aún no se ha restituido y que por el contrario va en camino del establecimiento de una nueva Constitución y de la imposición de una supraautoridad discrecional como es la ANC.

¿Por qué creo que ante un gobierno represor y opresor no podemos ser neutrales? Por la misma razón  que frente a un golpe de Estado no se puede ser neutral. Es decir o respetamos los principios democráticos,  o no. En 2002 me opuse al golpe contra el presidente Chávez y mientras factores de oposición intentaban vender la tesis de vacío de poder.  Por esta misma razón no puedo convalidar las acciones del gobierno para desconocer la voluntad popular, torcerla o manipularla.

Sin embargo,  lo sigo matizando con la necesidad de que aun sin ser imparcial frente al opresor, no podemos renunciar a la búsqueda de la verdad. 

Pero no me siento satisfecha y es una búsqueda constante para intentar  relatar mejor la realidad venezolana, sin dejarme llevar por mi propia visión, por las penurias y atropellos del poder que veo a mi alrededor, pero sin permitirme caer en la trampa de las versiones sin contraste. Concibo, como muchos, que nuestro  rol no solo es contar los hechos, sino contextualizarlos y agotar todas las vías para llegar a mostrar hechos irrefutables.

Mis dudas son constantes. Las preguntas que me hago no las he respondido, o mejor dicho, no tengo una respuesta definitiva. Sin embargo, si en alguna causa me inscribo es en la de la democracia y de la libertad. En ese espacio no admito medias tintas.

Este artículo fue extraído de la FNPI. Puede leer el texto original aquí: ¿Podemos los periodistas venezolanos explicar al mundo lo que pasa en Venezuela?

Por Víctor Manuel Álvarez Riccio

La asociación civil Medianálisis presentó los resultados de una investigación sobre la situación del periodismo en Venezuela, los cuales exponen que este gremio de comunicadores atraviesa severos problemas por la crisis económica, las agresiones que recibe y las fallas de preparación que limitan el ejercicio profesional.


Medianálisis hizo su exposición la mañana del 4 de octubre, en la sede del Instituto de Teología para Religiosos de la UCAB (ITER), en Altamira. Ahí, los asistentes conocieron que esta es la tercera vez que se desarrolla una investigación con estas características, que fueron encuestados 368 periodistas y que la muestra estuvo distribuida en distintos estados del país (el Distrito Metropolitano, Vargas, Lara, Bolívar, Táchira, Aragua, Carabobo, Anzoátegui y Zulia). Fueron encuestados, entre marzo y mayo de 2017, periodistas que trabajaban en todos los tipos de medios: 76 periodistas de impresos, 71 de televisoras, 137 de radios y 84 de medios digitales.


El estudio incluyó las perspectivas de periodistas que realizan diferentes trabajos: reportero de calle, redactor, columnista, ancla y editor. Por otra parte, la investigación especificó la distribución de la muestra según el sexo de los encuestados: hombres, 48,8%; mujeres, 51,2%. También Medianálisis indicó las edades de los periodistas que participaron: menos de 30 años, 36%; de 30 a 39 años, 28,5%; de 40 a 49 años, 21,1%; 50 años o más, 14,4%.

Mucho trabajo y salarios bajos

La encuesta revela que 37% de los periodistas tiene solo un trabajo en algún medio y que 63% realiza dos o más trabajos para sobrevivir. "Al precisar este tema en términos salariales, se hace manifiesto que 77% de los periodistas en Venezuela percibe salarios de 2 sueldos mínimos integrales o menos por el desempeño de su profesión (...) y apenas 23% sobrepasa 2 salarios mínimos", explica el reporte de Medianálisis.

En lo que se refiere a la agremiación y sindicalización de los periodistas, la investigación especifica que 38,3% de los encuestados está colegiado, 4,6% pertenece a un sindicato, 13,5% está asociado de ambas formas y 41,8% no forma parte de ninguna asociación. Gloria Carrasco, directora de proyectos de Medianálisis, manifestó su preocupación por este dato porque la colegiación es una exigencia para ejercer el periodismo en Venezuela.

Otra dimensión estudiada es la dotación tecnológica con la que cuentan los periodistas para trabajar. Es preocupante, opinó Carrasco, que 52,5% de los encuestados ha tenido que utilizar algún equipo propio para desarrollar su oficio a pesar de que trabaja en algún medio.

Presiones que llevan a la censura

De los 368 periodistas de la muestra, 23,5% expresó que el medio para el que trabaja "se inclina levemente por una tendencia de pensamiento”; 14,1%, que en el medio "predomina abiertamente una tendencia de pensamiento"; 8,4%, que el medio "solo refleja una tendencia". En el reporte resalta que, entre los periodistas de medios impresos, 63,2% opinó que hay alguna tendencia en las decisiones editoriales, por lo que los periódicos impresos son los medios menos plurales y equilibrados según los comunicadores encuestados.

Ante la interrogante acerca de si la línea editorial del medio en el que trabaja ha traído problemas, 40,5% declaró que sí, 4,3% dijo que no sabe y 55,1% contestó que no.

En lo que respecta a agresiones sufridas por parte de los periodistas, 50,3% admitió que ha recibido alguna agresión o amenaza de instituciones o personas ajenas al medio. Se lee en el reporte: "son los medios digitales e impresos los que mayor proporción de agresiones experimentan: 3 de cada 5 de los periodistas que laboran en estos medios consideran que han sido víctimas de algún tipo de agresiones directas o indirectas. En el caso de radio y tv, los datos, aunque menores, son igualmente preocupantes, alrededor de 2 de cada 5". La mayoría de estas agresiones han sido físicas o verbales dirigidas al medio, amenazas personales al periodista, ataques físicos, detenciones ilegales, daño de equipos, entre otras.

La investigación indica que 31,4% de los periodistas ha recibido, en algún momento, instrucciones para modificar una información antes de su publicación. Entre las órdenes más frecuentes en este sentido se encuentran cambiar algo de la redacción, dejar de cubrir una noticia o no identificar a una fuente o protagonista. Dice Medianálisis en su reporte: "uno de cada 3 periodistas ha recibido instrucciones significativas para modificar una información ya validada por el medio, lo que es más grave en impresos y en TV". Por otra parte, 27,7% de los sujetos reconoció que se ha autocensurado en alguna circunstancia y que omitió o modificó una información para evitar demandas, ataques o para no afectar los intereses de los dueños del medio.

Omar Lugo, director de El Estímulo, y Eugenio Martínez, periodista especializado en la fuente electoral, fueron invitados a la presentación de la investigación y expresaron su alarma cuando Carrasco reveló que una parte importante de los periodistas no tenía claridad respecto a las normas, garantías y criterios de calidad del ejercicio de su profesión. Entre los periodistas, 43,5% consideró que es necesaria la intromisión del Estado en la labor periodística a pesar de los mecanismos de control, calidad y transparencia de los medios, lo cual es incorrecto. Asimismo, los expertos criticaron que 26,2% de la muestra opinó a favor de la idea de que el Estado censure “aquellas informaciones que atenten contra la moral”.

Para Martínez, los resultados del estudio de Medianálisis deberían causar una reunión urgente de directores de escuelas de comunicación social, representantes del Colegio Nacional de Periodistas y de asociaciones civiles para que reflexionen sobre cuáles son las fallas de formación que llevan a un grupo importante de periodistas a desconocer los derechos que debería defender.

Lugo dijo que el hecho de que parte de los periodistas admita que el Estado censure sus publicaciones es signo de una “enfermedad” que padece la sociedad venezolana, cuya democracia está debilitada. “Lo más duro es que hay periodistas que creen que el Estado debe decir lo que es bueno y lo que es malo (…). Los medios tienen que negarse hasta la muerte a caer en este juego”, enfatizó el director de El Estímulo.

Necesitan más formación

Ante estas situaciones, Carrasco, Martínez y Lugo coincidieron en que es indispensable realizar más conversatorios y actividades que exploren los problemas que atraviesa el gremio periodístico en Venezuela. Esta necesidad se hace más patente porque, de acuerdo con la encuesta, solo 48,5% de los periodistas ha cursado, durante el último año, algún estudio para aumentar sus capacidades. Entre los que sí han realizado algún curso, la mayoría participó en actividades que duraron menos de 40 horas.

"El tema de la actualización profesional debe también preocupar a empresas periodísticas, a los gremios, a las instituciones educativas, organizaciones no gubernamentales y, especialmente, a los comunicadores sociales dedicados al periodismo, en el entendido de que es ésta una garantía de calidad informativa. Existe una proporción muy grande de profesionales que no se están formando, y a lo sumo, cuando lo hace, es con cursos con escasas horas académicas", concluye el informe de Medianálisis.

Como producto de una alianza estratégica entre Medianálisis y Pase de prensa BOD, se realizó por primera vez en Barquisimeto el taller                     “¿Cómo (y para qué) contar las historias pendientes? Estrategias de la crónica cultural para contar el país”, dictado por Willy McKey, cronista y editor del portal digital Prodavinci.


El taller de 16 horas, efectuado los días viernes 15 y sábado 16 de septiembre, contó con distintas fases dirigidas por McKey, como el desarrollo de conceptos de no-ficción y memoria y el abordaje de herramientas para contar historias desde la voz singular del cronista. Así también, los participantes tuvieron la oportunidad de generar ideas y textos en constante confrontación con el facilitador –editor-.


Estudiantes y comunicadores en ejercicio conformaron un grupo de 25 participantes, quienes mostraron muchísimo interés en la propuesta y agradecieron a ambas organizaciones la oportunidad de recibir actividades formativas de esta naturaleza. En este sentido, tanto Medianálisis como Pase de prensa BOD, estiman ofrecer próximamente una segunda edición del taller en la ciudad crepuscular.

 

 

En el contexto actual venezolano, el adecuado manejo de datos reviste una relevancia de fundamental importancia, ya que permite mostrar y explicar a la sociedad lo que ocurre día a día de forma más comprensible. En este sentido, Medianálisis, en su propósito de contribuir con el periodismo de calidad, realizó una serie de talleres para brindar a periodistas y estudiantes de comunicación social, herramientas que les faciliten la cobertura de la conflictividad política y social en Venezuela.


Es así como durante la segunda semana de septiembre se desarrollaron tres talleres formativos. El primero de ellos se realizó el martes 12 en la ciudad de Barquisimeto, bajo el título: "Cubriendo la crisis: ¿cómo hacer infografías periodísticas para la web sin saber diseño gráfico?", dictado por Jeanfreddy Gutiérrez, periodista de datos.


Posteriormente, se materializó la iniciativa del taller "Cobertura periodística de la conflictividad en Venezuela. Periodismo de datos aplicado a la conflictividad social y política", efectuado los días miércoles 13 de septiembre, en Barquisimeto, y jueves 14 de septiembre, en Acarigua. En ambas oportunidades la actividad contó con Marino Alvarado, abogado y defensor de derechos humanos, y Jeanfreddy Gutiérrez como facilitadores.
El taller que tuvo lugar en Acarigua, se llevó a cabo gracias al trabajo conjunto de Medianálisis, el CNP (Colegio Nacional de Periodistas), seccional Portuguesa y a la Universidad Yacambú, en cuyas instalaciones se desarrolló la actividad.


La dinámica de los talleres contó con la presencia de participantes motivados y preocupados por el tema, lo cual imprimió un acento de intercambio positivo que se espera pueda traducirse en calidad de periodismo en tiempo de crisis. De esta manera, Medianálisis sigue apostando por la formación de los periodistas, quienes tienen el deber de defender el derecho de los ciudadanos a estar bien informados.

 

El arte de la manipulación masiva

Published in Destacados Domingo, 27 Agosto 2017 22:22

 

 

Las técnicas para mentir y controlar las opiniones se han perfeccionado en la era de la posverdad: nada más eficaz que un engaño basado en verdades, o envuelto sutilmente en ellas.

La era de la posverdad es en realidad la era del engaño y de la mentira, pero la novedad que se asocia a ese neologismo consiste en la masificación de las creencias falsas y en la facilidad para que los bulos prosperen.

La mentira debe tener un alto porcentaje de verdad para resultar más creíble. Y mayor eficacia alcanzará aún la mentira que esté compuesta al cien por cien por una verdad. Parece una contradicción, pero no lo es.

Se analizará a continuación cómo puede ocurrir eso.


La posmentira

Hoy en día todo es verificable, y por tanto no resulta fácil mentir. Sin embargo, esa dificultad se puede superar con dos elementos básicos: la insistencia en la aseveración falsa, pese a los desmentidos fiables; y la descalificación de quienes la contradicen. A ello se une un tercer factor: millones de personas han prescindido de los intermediarios de garantías (previamente desprestigiados por los engañadores) y no se informan por los medios de comunicación rigurosos, sino directamente en las fuentes manipuladoras (ciberpáginas afines y determinados perfiles en redes sociales). Se conforma así la era de la posmentira.

De ese modo, millones de estado­unidenses se han creído una comprobada falsedad como la afirmación de Donald Trump de que Barack Obama es un musulmán nacido en el extranjero y millones de británicos estaban convencidos de que con el Brexit el Servicio Nacional de Salud dispondría de 350 millones de libras a la semana adicionales (432 millones de euros).

La tecnología permite hoy manipular digitalmente cualquier documento (incluidas las imágenes), y eso avala que se presente como sospechosos a quienes reaccionan con datos ciertos ante las mentiras, porque sus pruebas ya no tienen un valor notarial. A ello se añade la pérdida de cuotas de independencia en los medios informativos con la crisis económica. Han reducido su nómina de periodistas y han tenido que mirar no sólo a los lectores sino también a los propietarios y a los anunciantes. En ciertos casos, utilizan además técnicas sensacionalistas para obtener pinchazos en la Red, lo cual ha redundado en su menor credibilidad.

Con todo ello, se ha llegado a la paradójica situación de que la gente ya no se cree nada y a la vez es capaz de creerse cualquier cosa.

Muchos periódicos de Estados Unidos han verificado las decenas de falsedades difundidas por el presidente Trump (en enero ya llevaba 99 mentiras según The New York Times), pero eso no las ha desactivado. Y la prensa británica, por su parte, desmenuzó los engaños de quienes propugnaban la salida de la UE, pero eso no desanimó a millones de votantes.

 

La posverdad

La mentira siempre es arriesgada, y requiere de medios muy potentes para sostenerse. Por eso suelen resultar más eficaces las técnicas de silencio: se emite una parte comprobable del mensaje pero se omite otra igualmente verdadera. He aquí algunos ejemplos:

La insinuación. No hace falta usar datos falsos. Basta con sugerirlos. En la insinuación, las palabras o las imágenes expresadas se detienen en un punto, pero las conclusiones que inevitablemente se extraen de ellas llegan mucho más allá. Sin embargo, el emisor podrá escudarse en que sólo dijo lo que dijo, o que sólo mostró lo que mostró. La principal técnica de la insinuación en los medios informativos parte de las yuxtaposiciones: es decir, una idea situada junto a otra sin que se explicite relación sintáctica o semántica entre ambas. Pero su contigüidad obliga al lector a deducir una vinculación.

Eso sucedió el 4 de octubre de 2016 cuando Iván Cuéllar, el guardameta del Sporting de Gijón, salía del autocar del equipo para jugar en el estadio de Riazor. Recibido por pitos de la afición coruñesa, Cuéllar se detuvo y miró fijamente hacia los hinchas. La cámara sólo le enfocaba a él, y eso hacía deducir una actitud retadora ante los silbidos. Y como tal se presentó en un vídeo de un medio asturiano. De ese modo, se mostraban, yuxtapuestos, dos hechos: la afición rival que abucheaba y el jugador que miraba fijamente hacia los hinchas. No tardó en llegar la acusación de que Cuéllar había sido un provocador irresponsable
Hubo algo que aquellas imágenes no mostraron: entre los aficionados, una persona había sufrido un ataque epiléptico y eso llamó la atención del portero del Sporting, que miró fijamente hacia allá para comprobar que el hincha era atendido (por el propio servicio médico del club). Una vez que verificó que así sucedía, siguió su camino. Tanto la presencia de los hinchas como sus silbidos y la mirada del futbolista fueron verdaderos. Sin embargo, se alteró el mensaje —y por tanto la realidad percibida— al yuxtaponerlos hurtando un hecho relevante.

La presuposición y el sobrentendido. La presuposición y el sobrentendido comparten algunos rasgos, y se basan en dar algo por supuesto sin cuestionarlo. Por ejemplo, en el conflicto catalán se ha extendido la presuposición de que votar es siempre bueno. Sin embargo, esa afirmación no puede ser universal, puesto que no se aceptaría que el Gobierno español quisiera poner las urnas para que sus ciudadanos votasen si desean o no la esclavitud. Sólo el hecho de admitir esa posibilidad ya sería inconstitucional, por mucho que la respuesta se esperase negativa. Primero habría que modificar la Constitución para permitir la esclavitud, y luego ya se podría votar al respecto. Por tanto, se ha creado una presuposición según la cual el hecho de votar es siempre bueno, cuando la validez de una consulta va ligada a la legitimidad y a la legalidad democrática de lo que se somete a votación.

A veces los sobrentendidos se crean a partir de unos antecedentes que, ­reuniendo todos los requisitos de veracidad, se proyectan sobre circunstancias que coinciden sólo parcialmente con ellos. Por ejemplo, en los denominados papeles de Panamá se denunciaron casos veraces de ocultación fiscal. Una vez expuestos los hechos reales y creadas las condiciones para su condena social, se añadieron a la lista otros nombres sin relación con la ilegalidad; pero el sobrentendido transformó la oración “tiene una cuenta en Panamá” en una figura delictiva que contribuyó a crear un estado general de opinión falseado. No es delito hacer negocios en Panamá y abrir para ello cuentas allí; pero si esto se expresa con esa oración sospechosa, lo legal se convierte en condenable por vía de presuposición.

La falta de contexto. La falta del contexto adecuado manipula los hechos. Así sucedió cuando el diputado independentista catalán Lluís Llach recibió ataques injustos por unas declaraciones sobre Senegal. El 9 de septiembre de 2015, un periódico barcelonés recogía este titular, puesto en boca del excantautor: “Si la opción del sí a la independencia no es mayoritaria, me voy a Senegal”. De ahí se podía deducir que irse a Senegal era algo así como un acto de desesperación (y una ofensa para aquel país africano). De ese modo lo interpretaron algunos columnistas y cientos de comentarios publicados bajo la información. Sin embargo, ésta había omitido un contexto relevante: Llach creó años atrás una fundación humanitaria para ayudar a Senegal, y por tanto, lejos de expresar un desprecio en sus palabras, mostraba su deseo de volcarse en esa actividad si fracasaba su empeño político. En esa falta de datos de contexto se puede incluir la omisión cada vez más habitual de las versiones y las opiniones —que deberían recogerse con neutralidad y honradez— de aquellas personas atacadas por una noticia o una opinión.

Inversión de la relevancia. Los beneficiarios de esta era de la posverdad no siempre disponen de hechos relevantes por los cuales atacar a sus adversarios. Por eso a menudo acuden a aspectos muy secundarios… que convierten en relevantes. Las costumbres personales, la vestimenta, el peinado, el carácter de una persona en su entorno particular, un detalle menor de un libro o de un artículo o de una obra (como en aquel caso de los titiriteros en Madrid)... adquieren un valor crucial en la comunicación pública, en detrimento del conjunto y de las actividades de verdadero interés general o social. De ese modo, lo opinable o subjetivo sobre esos aspectos secundarios se presenta entonces como noticioso y objetivo. Y por tanto, relevante.

 

La poscensura

Hasta aquí se han analizado someramente (por razones de espacio y de lógica periodística) las técnicas de la posmentira y la posverdad. Pero los efectos perniciosos de ambas reciben el impulso de la poscensura, según la ha retratado y definido Juan Soto Ivars en Arden las redes (Debate, 2017).

En este nuevo mundo de la poscensura, quienes se manifiestan al margen de la tesis dominante recibirán una descalificación muy ofensiva que actúa como aviso para otros marineros. Así, la censura ya no la ejercen ni el Gobierno ni el poder económico, sino grupos de decenas de miles de ciudadanos que no toleran una idea discrepante, que se realimentan entre sí, que son capaces de linchar a quien a su juicio atenta contra lo que ellos consideran incontrovertible y que ejercen su papel de turbamulta incluso sin saber muy bien qué están criticando.

Soto Ivars detalla algunos casos espeluznantes. Por ejemplo, el apaleamiento verbal sufrido por los escritores Hernán Migoya y María Frisa a partir de sendos tuits iniciales de quienes confundieron lo que expresaban sus personajes de ficción con lo que pensaba el respectivo creador, y que fueron secundados de inmediato por una muchedumbre endogámica de seguidores que se apuntaron al bombardeo sin comprobación alguna. Lo mismo hicieron algunos periodistas que, para no quedarse fuera de la corriente dominante, recogieron sin más de las redes el manipulado escándalo, blanqueando así la mercancía averiada.

Esta inquisición popular contribuye a formar una espiral del silencio (como la definió Elisabeth Noelle Neumann en 1972) que acaba creando una apariencia de realidad y de mayoría cuyo fin consiste en expulsar del debate a las posiciones minoritarias. En ese proceso, la gente se da cuenta pronto de que es arriesgado sostener algunas opiniones, y desiste de defenderlas para mayor gloria de la posverdad, la posmentira y la poscensura. Así, el círculo de la manipulación queda cerrado.

Álex Grijelmo. Autor de ‘La información del silencio. Cómo se miente contando hechos verdaderos’ (Taurus, 2012).

Artículo original en el diario El País

 

 

Los medios de comunicación están viviendo una crisis de credibilidad en todo mundo. Pero otra cosa es llegar a la extrema desconfianza en una prensa censurada, para pasar a depender de los rumores, de los blogs y de las redes digitales en la vida cotidiana. Fausto Izcaray


Multitud no registrada
Aunque el presidente Nicolás Maduro fue elegido por voto popular en 2013, su gobierno ha violentado de manera insistente y abierta la separación de poderes que consagra la Constitución Bolivariana, y por lo mimo debe ser tenido como una dictadura.

El plebiscito recientemente convocado por la Asamblea Nacional y por la Mesa de Unidad Democrática fue una ocasión indudable para observar a toda una sociedad movilizándose y produciendo un hecho que, en otros países, hubiera sido objeto de las primeras páginas de los medios impresos y de operativos durante todo el día de los medios audiovisuales, con amplia cobertura de los ciudadanos que participaban.

No así en Venezuela por la estricta censura que decretó el gobierno de Maduro con amenazas de cierres de radios y televisoras. Las “órdenes” que prohibían darle cobertura a la Consulta Popular hicieron – como ya es costumbre- que los medios se autocensuran para evitar las sanciones gubernamentales. Los venezolanos que queríamos informarnos sobre la marcha de los eventos del pasado 16 de julio acudimos a las redes, especialmente por medio de nuestros teléfonos celulares.

 

Armando rompecabezas
El sábado anterior -8 de julio- los venezolanos amanecimos con una noticia de alto impacto político, difundida por medios y cables internacionales: “A Leopoldo López le fue dada su casa por cárcel y fue trasladado a su casa de familia a las 3:00 am”. La noticia, como muchas otras que ocurren cada día, fue transmitida originariamente por medios internacionales y luego por las redes informales de la comunicación ciudadana.

Para nosotros se trata de armar un gigantesco rompecabezas que, además, demanda que cada segundo busquemos nuevas piezas que deben calzar en lo que para el común venezolano es la “realidad cambiante, incierta y oscura”, por “política de Estado” del gobierno de Nicolás Maduro.

Es una experiencia que por lo menos hace que nos sintamos algo esquizofrénicos. Cuando vamos a realizar cualquier diligencia, que para un habitante de otro país sería la vida diaria, intentamos informarnos qué puede estar pasando en la ciudad para orientarnos y evitar zonas en pleno conflicto. La censura y la autocensura hacen que poco o nada de lo que ocurre en el país sea reflejado en los medios.

La noticia de la casa por cárcel de Leopoldo López tuvo que ser difundida por medios en España para que luego los medios venezolanos se hicieran eco. Igual pasa con las manifestaciones y diversos actos de la rebelión popular en contra de la dictadura iniciada por Hugo Chávez y acentuada feroz y torpemente por su sucesor.

 

Cómo opera la censura
La prensa escrita independiente es casi inexistente. Los periódicos son amenazados por la dictadura con imputaciones a sus directivos, que luego se convierten en condenas por supuestos crímenes, dictadas por los obsecuentes jueces del chavismo, so pena de ser encarcelados ellos mismos si no obedecen las órdenes de “arriba”.

Es una experiencia que por lo menos hace que nos sintamos algo esquizofrénicos.
Los medios audiovisuales, cuya característica como vehículos informativos era la inmediatez, ahora son canales censurados y sancionados con abultadas y arbitrarias “multas”, por parte del Consejo Nacional de Televisión (Conatel), el músculo censor creado para satisfacer el ansia de control del comandante Chávez y ahora de su mediocre sucesor Maduro.

Las radios y televisoras que quedan funcionando lo hacen bajo una lamentable política de autocensura, para poder sobrevivir. Quedan algunos periódicos como El Nacional en Caracas, El Correo del Caroní en Ciudad Bolívar, El Impulso en Barquisimeto, La Verdad de Maracaibo, que sobreviven a duras penas porque el gobierno, que controla directamente la importación de papel para medios impresos, les niega el suministro y por eso han tenido que emigrar a las versiones digitales en sus sitios web.

Por eso, un venezolano común tiene que acudir a los medios digitales, especialmente telefónicos, donde la censura dictatorial es menos eficiente.

Esto nos enfrenta a una diaria complicación. Si viajo en un vehículo de una ciudad a otra es probable que las redes estallen en escenarios de conflicto armado en la ciudad a la que quiero llegar. Y puede ser que en algunos sectores eso esté ocurriendo, pero que ansiosos y temerosos usuarios generalicen a todas las calles y avenidas, cuando a esa hora el conflicto está y fuerte, cobrando heridos y muertos, en algunas zonas específicas.

Aprender a identificar los medios digitales confiables, contactar a familiares y amigos que vivan en la zona que uno quiere transitar es clave, si alguno de ellos está en el sitio y te puede dar la información actualizada.

 

Pobreza y boom digital
Al mismo tiempo la situación económica reduce la posibilidad de que los pobres accedan a los llamados teléfonos inteligentes porque los precios superan el millón de bolívares.

Según las últimas cifras que publica el propio gobierno, en el tercer trimestre de 2015 los venezolanos que usaban efectivamente los celulares eran 29.513.301; en el mismo trimestre de 2016 se habían reducido en 1,687,368, para un nuevo total de 27,825,933.

Y en 2017 la crisis económica se ha agravado, haciendo estragos en la vida del venezolano común, cuyos ingresos no alcanzan ni para el mínimo de los alimentos. No existen estadísticas actualizadas, pero es fácil concluir que la caída en el acceso a la telefonía móvil ha afectado sobre todo a los menos pudientes.

No obstante, uno de los más reconocidos periodistas de investigación, Nelson Bocaranda informa en su blog Rurunes.es que ¨El domingo pasado se celebraron unas elecciones en la que participaron más de 7 millones 500 mil venezolanos sin que los tradicionales grandes canales de televisión tuvieran relevancia alguna tanto en el área informativa como en opinión. La preponderancia de los nuevos medios digitales y las redes sociales fueron los nuevos canales de información instantánea y efectiva.”

Entre esos medios digitales, la Asociación Civil Medianálisis (ONG) conjuntamente con Monitoreo Digital, acaba de difundir los resultados de su último ranking. De acuerdo con ese estudio los medios mejor evaluados por su calidad periodística, son en su orden: Efecto Cocuyo; El Estímulo; Runrunes.es y El Pitazo (comparten el tercer lugar); Prodavinci, y Caraota Digital.

Medianálisis organizó el foro “Desinformación y fragmentación noticiosa ¿Cómo se arma el rompecabezas de lo que ocurre en Venezuela?” La consultora política Carmen Beatriz Fernández señaló que “el gobierno ha perdido la capacidad de control de la información sobre las audiencias por su falta de pertinencia, credibilidad y desinformación”.

Pero no son apenas los ciudadanos quienes sufren de la fragmentación de las noticias. También la viven los periodistas. Según Luz Mely Reyes, directora de Efecto Cocuyo, “Hay que combinar distintas visiones para más o menos armar lo que está ocurriendo pues la fragmentación atenta contra la democracia y consolida las posturas polarizadas”.

Y sin embargo…

Es de notar que el resultado de la participación masiva en la Consulta Popular del 16 de julio ha producido un cambio en las líneas informativas de las cadenas de televisión venezolanas.
Venevisión, uno de los canales que pactó con Hugo Chávez un cambio drástico en lo que fue su línea informativa antes del intento de golpe del 11 de abril del 2002 y que ha “bailado pegado” con el gobierno chavista durante todos estos años, decidió entrevistar a Enrique Capriles, uno de los principales opositores al régimen, y a cubrir las declaraciones de otros líderes de la oposición.

Televen, otro canal privado, y algunos canales regionales, han hecho lo mismo. Y en el paro nacional convocado por la Mesa de la Unidad Democrática el 20 de este mes, también cubrieron la soledad de las calles de ciudades venezolanas por una total adhesión de la población al llamado.

Eso ha hecho afirmar a la gente “las cosas están cambiando”. Es evidente que el profundo impacto de los más de 7 millones 200 mil votantes en el plebiscito convocado por la MUD y la Asamblea Nacional está resquebrajando rápidamente el andamiaje de la dictadura. La declaración sobre las líneas de un gobierno de transición que presentó la Asamblea Nacional al país, cumpliendo con una de las preguntas incluidas en el plebiscito popular, parece una manera de acelerar el proceso de cambio invitando a todos los sectores, incluyendo a los partidarios del chavismo que ocupan actualmente cargos de gobierno (alcaldes, gobernadores, por ejemplo) para que coadyuven a rescatar a Venezuela de la inmensa crisis en la que la sumergido la dictadura madurista. El viernes 21 juramentaron los nuevos jueces del Tribunal Supremos de Justicia designados por la Asamblea Nacional cumpliendo, ahora sí, con todos los procedimientos estipulados en la Constitución que habían sido violados por los “magistrados exprés” y la Asamblea Nacional anterior que presidía el más repudiado de los chavistas dentro y fuera del PSUV, partido de la dictadura. En el acto de juramentación también los canales de TV privados decidieron saltarse la censura y entrevistaron algunos de los nuevos jueces llamándolos “Magistrados”.

¿Anticipación de una luz al final del túnel?

 

Fausto Izcaray

Licenciado en Periodismo egresado de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, M.A. en Periodismo y Ph.D.  en Communicación de la Universidad de Wisconsin-Madison USA, reportero de diarios y redactor de revistas  en sus comienzos profesionales;  profesor jubilado de universidad, investigador de los usos y efectos de la comunicación de masas en Venezuela de amplia obra publicada en revistas internacionales especializadas; ejecutivo y consultor  de empresas actualmente.

 

Artículo original en Razón Pública 

Las entrevistas que no debimos publicar

Published in Destacados Jueves, 27 Julio 2017 13:03

Una periodista chilena radicada en España envió diversas colaboraciones a La Tercera desde hace más de un año. La última fue una entrevista al ex Presidente José Rodríguez Zapatero. Esa entrevista, sin embargo, no existió.


Una entrevista publicada el lunes 24 de julio en La Tercera no era una entrevista. Este diario publicó ese día una conversación entre la chilena Ximena Marín Lezaeta y el ex Presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Bajo el título “En Venezuela el diálogo ha existido, existe y existirá”, el ex jefe de gobierno se explayaba en su misión como mediador en el conflicto que sufre ese país. Su contenido fue replicado por agencias internacionales el mismo día en que Zapatero estaba en Venezuela. Sin embargo, la entrevista publicada nunca se realizó.

Alertados sobre la entrevista inexistente por el jefe de gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, José Miguel Vidal, el subeditor de Mundo de La Tercera, Pedro Schwarze, contactó la noche del lunes a Ximena Marín, quien aseguró que la entrevista se había realizado. Schwarze le pidió los audios como respaldo y Marín prometió buscarlos, los que hasta ahora no han llegado.

El texto que se publicó este lunes fue enviado el jueves 20 de julio por Ximena Marín, con el siguiente mensaje: “Costó conseguirla, porque R. Zapatero desea estar en silencio, debe tener mucha cautela, porque la situación está compleja”, aludiendo a su misión en Venezuela. Su contenido, no obstante, resultó ser una réplica casi exacta de una entrevista concedida por Rodríguez Zapatero a la revista española Cambio 16, publicada en mayo. Así lo ratificó ayer la oficina del ex jefe de gobierno español en una declaración en la que negó haber hablado con Marín: “Esa entrevista no se ha producido, ni presencialmente ni por ningún otro medio”, dice el texto.

Ximena Marín, quien se presenta como licenciada en comunicaciones de la Universidad Complutense, acudió ayer a las oficinas de Rodríguez Zapatero. Su asesor, José Miguel Vidal, comentó desde Madrid que Marín explicó a una secretaria que, en un desayuno realizado hace semanas, consultó a Rodríguez Zapatero si sus declaraciones “las podía ‘formatear como si fuesen una entrevista’”. Ximena Marín aseguró que Zapatero la autorizó. “Zapatero no la conoce ni haría eso, que es francamente irregular”, comentó Vidal por correo.

La Tercera revisó los anteriores trabajos enviados por Ximena Marín y detectó que otra entrevista, al ex Presidente colombiano Álvaro Uribe, publicada el 26 de junio, también coincidía con un reporte anterior de Cambio 16. El editor de ese semanario, Iñigo Aduriz, relató que Marín visitó ayer el medio para intentar explicar lo inexplicable.

Revisada la decena de trabajos publicados por este medio bajo el nombre de Ximena Marín Lezaeta, La Tercera detectó diversas irregularidades en el correcto ejercicio de la profesión: seleccionó intervenciones públicas de dirigentes políticos españoles y las convirtió en entrevistas; recogió citas de ruedas de prensa y las presentó como conversaciones exclusivas; utilizó entrevistas radiales sin citarlas e incluso construyó supuestas entrevistas con declaraciones de terceras personas.

Requerida por las inconsistencias de su trabajo, Ximena Marín entregó explicaciones que este medio considera inaceptables en la práctica periodística.

La Tercera informa que retirará de su página web todos los artículos firmados por Ximena Marín Lezaeta, contra quien ejercerá las acciones que nuestros asesores legales resuelvan y quien el lunes dejó de colaborar con este diario. Además, comprometemos nuestros mejores esfuerzos para mejorar los mecanismos internos de control.

La Tercera ofrece disculpas públicas a nuestros lectores por no haber detectado a tiempo una mala práctica que daña el trabajo de decenas de profesionales que integran este diario. También nos disculpamos con las personas a las que atribuimos entrevistas que nunca fueron realizadas y a los medios que, como Cambio 16, fueron afectados por el mal uso que Marín hizo de su material periodístico

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Puede encontrar el texto original en La Tercera

 

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